Son 1.200 millones y constituyen la mayor generación en la historia. Viven en un mundo en rápida evolución. Están conectados y desconectados a la vez. Parecen barcos sin brújula.
Son los adolescentes de hoy, que “están mejor conectados globalmente a través de la Internet que a sus padres”, según planteó Elizabeth Fong, representante del UNFPA en Panamá, en la presentación ayer del “Estado de la Población Mundial 2003”.
Es el momento de decidir invertir en los jóvenes, cuya participación en la toma de decisiones y formulación de políticas públicas se debe promover, dijo Fong.
Una mejor distribución de la riqueza es menester en Panamá, a la vez que un monitoreo del impacto de la inversión social (que en nuestro país es una de las más altas de Latinoamérica) para saber si está llegando a los grupos más necesitados tal cual se ha programado, planteó Fong.
No menos importante es diseñar estrategias para garantizar trabajo digno a la juventud, consideró, y ponderó las alianzas en pro de acciones encaminadas a lograr los objetivos del milenio adoptados por la comunidad internacional.
En el informe, donde se hace una revisión de los retos y riesgos que enfrentan los adolescentes (un 84% de los cuales vive en países en desarrollo) se destaca que “cada segundo, un joven se agrega a las filas de las personas infectadas con el VIH; uno de cada cuatro vive en extrema pobreza; las adolescentes padecen discriminación y marginalización generalizadas...”.
Asimismo, “cada año, unos 14 millones de adolescentes y niñas de entre 15 y 19 años de edad- tanto casadas como solteras- dan a luz. En este grupo de edades, las complicaciones del embarazo y el parto son una de las principales causas de defunción, y un factor de gran magnitud es el aborto realizados en malas condiciones”.
Impostergable es la necesidad de ofrecer “información apropiada a la edad de los destinatarios acerca de la sexualidad y promover los comportamientos responsables y menos riesgosos, incluida la abstinencia”, dice el documento.
Sobre el particular, la Dra. Alma Montenegro de Fletcher, procuradora de la Administración, recomienda que los adultos se despojen de la hipocresía y hablen de manera abierta y sincera con la juventud acerca de la sexualidad.
Planteó que la educación debe responder a las demandas cambiantes del mercado laboral y avances tecnológicos actuales. Se refirió al impacto de la mundialización de las relaciones económicas, al cambio de la estructura familiar tradicional, a la necesidad de erradicar el juega vivo y al esfuerzo que deben hacer los adultos por recuperar credibilidad entre la juventud.
Es tal la disparidad en nuestro medio “(en que un 20% de la población es beneficiaria del 80% de los ingresos y el 80% tiene que consolarse con el 20% de éstos) que si no hacemos algo va a imperar la ley de la selva y de nada valdrán las murallas, puertas blindadas, alarmas ni guardaespaldas, puntualizó y concluyó que “hay que hacer entender a los grandes organismos de financiamiento internacional que ya la deuda externa la hemos pagado con creces”.