Los estudios sobre la economía de la felicidad son recientes, pero están extendiéndose rápidamente, desde que el psicólogo Daniel Kahneman obtuvo el Premio Nobel de Economía en 2002.
La economía de la felicidad pretende explicar los factores que definen que el bienestar o la satisfacción de las personas, son sinónimos de felicidad.
Podría hacerte feliz la cancelación de tu hipoteca, un empleo que te satisfaga, una buena relación matrimonial, plena salud, relaciones humanas excelentes y la sociedad en que se vive.
Los estudios existentes pueden tener derivaciones hacia la psicología o hacia la economía de desarrollo.
Aunque es difícil saber en qué medida esos rasgos de carácter contribuyen a la felicidad o son más bien parte de sus efectos, sí podemos concluir con Myers y Diener en destacar la gran importancia que para toda persona tiene su mejora personal.
Aunque la ilusión de muchas personas sea que les toque ganarse la lotería en grande, la realidad es que luego se comprueba que aquellos a quienes les ha tocado esa suerte no son, al poco tiempo, más felices que antes.
Una vez se tienen resueltas las necesidades básicas, cada uno tiende a adaptarse al nivel económico que tiene, y su felicidad apenas depende del nivel en que está situado.
Es verdad que una mejora de nivel económico suele repercutir en el sentimiento de felicidad, pero esa impresión suele durar poco.
El dinero no parece colaborar mucho con sentirse feliz. Tener un gran talento, y buena salud, un gran atractivo físico, tampoco puede considerarse el eje de la felicidad: indudablemente pueden favorecerla, y crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así.
Como escribió Séneca (filósofo romano): "Todos los hombres quieren ser felices, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida". Hay que acertar en esa búsqueda, quien no lo hace se pasa la vida esperando lo que nunca llega.
Según el economista Tibor Scitovsky en su libro The Joyless Economy, muchos de los placeres de la vida ni se compran ni se venden. Entre ellos, afirmó, están la satisfacción con el trabajo, la amistad, los placeres de la meditación personal, la lectura y otras formas de esparcimiento no comercial.
Estudios tienden a dividir las fuentes de bienestar en dos categorías: circunstancias externas, como las actividades de tipo social o la vida familiar, y disposiciones internas, como la autoestima o el sentimiento de que uno es responsable de su propio destino.
En cuanto a la primera, los estudios coinciden en que una vida familiar satisfactoria es el elemento que contribuye en mayor medida al bienestar. Las alegrías que reporta la amistad ocupan, a menudo, la segunda posición. El número de amigos que un individuo posee es mejor indicador de bienestar que la magnitud de sus ingresos.
Un trabajo satisfactorio y los momentos de ocio ocupan casi siempre la tercera y cuarta posición. Por extraño que parezca, ninguno de estos dos factores están relacionados con los ingresos.