- 1949 es el año en que nació, un 2 de enero, el autor de esta comedia, Christopher Durang, en Montclair, New Jersey, Estados Unidos. Sus trabajos de las décadas de los ‘80 y los ‘90 le hicieron ganar renombre. Se caracteriza por sus extravagantes y muchas veces absurdas comedias.
- 2013 fue excelente para este teatrista y su elenco, pues “Vanya y Sonia y Masha y Spike”, fue galardonada con el premio Tony a Mejor obra. Actualmente Durang co-dirige el programa para dramaturgos estadounidenses Lia Acheson Wallace, en Juliard.
Más detalles
- Los productores (Ricardo Dormoi, Stella Lauri, Isabel Burgos, Enithzabel Castrellón, Agustín Goncalves y Thirza Guerrero) con buen tino se anotaron un gol con esta pieza artística que tanta hilaridad provoca en la audiencia. Se trata de la IV puesta en escena de Teatro la Estación en este, su primer año de existencia. Encajar o no encajar. Y aceptarte como eres, es un gran reto o camino de crecimiento personal por el que hay que transitar. Los personajes, cada uno a su estilo y ritmo particular lo asimilaron. “Vanya y Sonia y Masha y Spike”, del dramaturgo Christopher Durang, estará en cartelera hasta el 18 de septiembre, en funciones de martes a sábado a las 8 p.m. y los domingos a las 9 p.m.
La frase
- Es una obra en la que podremos reír con las locuras de sus personajes, pero seguramente también enternecernos y reconocernos en toda su humanidad. Teatro La estación.
Como les decía, en “Vanya y Sonia y Masha y Spike” son dos horas de sano esparcimiento, riendo a costa de las ocurrencias de este cuarteto. Que diga, sexteto, porque, además de Enithzabel, Stella, Arturo y Giovanni, están Isabel e Isabella. Ciertamente los nombres de las dos últimas actrices les sonarán casi similares, pero, no se confundan. En la obra la una es cuasi bruja y la otra bella.
Ni la una ni la otra las calaba Masha (interpretada por Stella Lauri). Y no era que a la primera le tuviera ni miedo ni ojeriza y a la segunda envidia o celos. No.

Sencillamente, eran distintas a ella. En lo que sí, para mala suerte suya, coincidía con Nina, era en que, como el imán, las atraía el mismo espécimen masculino. Nada desdeñable, por cierto. Eso sí, con un nombre nada castizo.
Precisamente esto fue para Masha como tener agujas atravesándole la piel.

Quien quita y no era solo una desagradable sensación la que la aguijoneaba de tanto en tanto, a raíz de que llegó tras años lejos de su hogar, siendo otra, otra que parecía extraña a su propia familia. Y a sí misma, escarbando en sus verdades internas descubrió que, después de todo, su castillo se hizo añicos ante sus perplejos ojos.
¿A quién pretendía engañar ella? ¿A los demás? ¿A todos? ¿A quién? En un mundo donde en incontables ocasiones hay que ser y hacer al estilo Garlic, “reír llorando”, porque, para cultivar las rosas hay que ser cuidadoso para no pincharse con las espinas.
Expectativas internas y externas salen a relucir. Se abre una y otra vez, como quien no quiere, o intencionalmente, la ‘caja de Pandora’ y a los personajes, hasta a la más glamourosa, “se le sale el cobre”. También, al salir de su zona cómoda, son vulnerables.
Hay quienes tienen más habilidad que otros, para saber qué decir o hacer para provocar el derrumbe emocional del otro. Entonces, al quedar expuesto su ‘talón de Aquiles’, unos más, otros menos, se van quitando la máscara. Son más humanos, menos maniquíes o títeres de otros y de las circunstancias.
De la mano de quien hala los hilos, el director, este sexteto ‘baila’ al ritmo de cada uno de sus personajes y las vivencias y enredos en que quedan atrapados, que no atinan a explicarse, al principio, pero que luego ven con otros ojos.