Los que gustan del tequila para emborracharse, levantar el ánimo, afinar la voz o simplemente como aperitivo, más temprano que tarde comenzarán a tomar una copa menos por una sencilla razón: la escasez del agave azul.
Esta planta es la materia prima para la elaboración de cualquier tequila, bebida que tiene en México unas 72 empresas productoras y 596 marcas certificadas por el Consejo Regulador del Tequila (CRT).
La producción se verá reducida por la gran demanda que ha tenido a nivel mundial en los últimos tres años, mientras que las plantaciones de agave cayeron casi en dos terceras partes, según la Cámara Nacional de la Industria Tequilera (CNIT).
Tampoco es que mañana en los bares faltará el tequila, pero la escasez del agave azul obligará a reducir la producción de esta bebida típica mexicana, de la que en 1999 se produjeron alrededor de 191 millones de litros, la mitad de ellos para la exportación.
Si se acabara el tequila, que se ha abierto mercado en unos 100 países, en México sería una tragedia tan grande como si en España se agotara el vino, en Italia las pastas, en China el arroz, en Ecuador y Centroamérica el banano; en Brasil y Colombia el café; el vodka en Rusia, o la carne en Argentina.
Por la Denominación de Origen en el mundo, el tequila se produce en territorios protegidos de todo el estado de Jalisco y algunos municipios de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.
Desde la semana pasada el municipio de Romita se convirtió en el séptimo del estado de Guanajuato productor de agave azul para producir el famoso tequila que, en letra de muchos corridos y canciones, de Pedro Infante, por ejemplo, también embriaga.
Según la Norma Oficial Mexicana del Tequila, la bebida tiene dos categorías, que a su vez se dividen en cuatro tipos cada una: blanco, joven, reposado y añejo.
Para algunos catadores, hay añejos que, por su exquisitez, si se pasan un día más en los barriles de cedro "se convierten en cognac, o en la misma sangre, que es vida".
Un estudio del Consejo Regulador del Tequila señala que la bebida es la única en el mundo cuya materia prima tarda de siete a diez años en cultivarse y alcanzar su madurez.
Según apuntes históricos, el tequila, que tomó su nombre de la comunidad de Tequila, estado de Jalisco, se fabrica desde hace unos 400 años, y significa "piedra que corta", por la comparación que se le hace con las filosas hojas de obsidiana que se extraen de una especie de laja que abunda en la zona.
Sea verdadero o falso el significado, lo cierto es que el tequila alguna huella deja en la garganta de quien lo toma, como lo señalan los autores del libro "Tequila tradición y destino", prologado por el escritor mexicano Carlos Monsiváis.
Los hijuelos de la planta deben estar libres de enfermedades y tener una altura de 50 centímetros.
Uno de los procesos más importantes en la producción es la fermentación, cuyo tiempo varía por la temperatura ambiental.
Según el CRT, la industria tequilera podrá mantener un crecimiento del 10 por ciento por la escasez del agave azul, que aumentó su coste de 85 a 660 dólares la tonelada en el último año.
Hasta ahora se desconoce si la escasez de agave podría provocar un alza de precios en la bebida con la que muchos mexicanos y foráneos se quitan la angustia, sueltan la lengua, reparan corazones rotos, liman asperezas, hacen compadres o se sienten "muy machos".
Otros, beben y cantan con el gran José Alfredo Jiménez "...que yo sin ella de pena muero, quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar...".
De la resaca, pueden dar fe muchos seguidores del recién electo presidente electo de México, Vicente Fox, que el domingo pasado festejaron con tequila, entre otras bebidas, el triunfo de la Alianza por el Cambio que puso fin a 71 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Así es el tequila, una bebida que durante muchos años se creyó solo propia de gente pobre, albañiles, peones, ferrocarrileros, periodistas, boxeadores, camareros, escritores eclécticos, pintores que cobran por metro cuadrado, poetas, taxistas y uno que otro abogado de barrio bajo.