Con el corazón en un puño y el deseo ferviente de no equivocarse, el Tribunal de Apelaciones de Londres sentenció hoy que una de las niñas siamesas de Manchester "ha nacido para morir".
Según los jueces, las niñas siamesas deben ser separadas en una operación quirúrgica de tal forma que una muera para que la otra pueda sobrevivir.
Uno de los jueces que ha intervenido en el proceso de las niñas siamesas llegó a confesar: "Este caso me ha quitado el sueño".
La decisión judicial, dramática, no ha convencido a los padres de las criaturas, quienes desde un principio se han opuesto a la separación de sus hijas por sus fuertes convicciones religiosas y por su deseo de que "la Naturaleza siga su curso".
Los padres -cuya identidad no se ha dado a conocer por razones legales- quieren apelar ante la Cámara de los Lores, la máxima autoridad judicial británica.
El Tribunal de Apelación, formado por los jueces Alan Ward, Henry Brooke y Robert Walker -tres hombres conservadores y de profundas convicciones religiosas-, sentenció que los médicos debían salvar una vida a costa de la otra.
Las pequeñas, que nacieron el 8 de agosto en el hospital "Saint Mary" de Manchester, están unidas por el abdomen y comparten el corazón y los pulmones.
La más débil, conocida como "Mary", no puede vivir sin su hermanita "Judie", de quien depende clínicamente para poder respirar y mantener sus funciones circulatorias.
Nada más dar a conocer su decisión, el juez Ward, de 62 años, dijo que estaba "conmocionado" por lo trágico del caso.
"Ahora me siento más afectado por ellos (los padres) que cuando empezó el caso" -precisó este magistrado, quien, por cierto, es padre de gemelos y considera a sus hijos "la cosa más maravillosa del mundo".
Y es que los jueces, mal que les pese, han tenido que tomar una de esas decisiones que, según muchos creyentes, sólo le competen a Dios.
Pero la realidad médica de las niñas es que comparten una sola aorta, lo que le dificulta a "Judie" bombear suficiente sangre del corazón a los pulmones para que tanto ella como su hermana puedan vivir.
En esta situación, según los médicos que las han atendido, "Judie" no podría continuar durante mucho tiempo.Como mucho, entre tres y seis meses.Quizás un poco más.
En cuanto a "Mary", el juez opinó que "probablemente no habría ni siquiera nacido sin el soporte de su hermana".
"Lo triste es que vive de prestado; todo prestado de su hermana.Es incapaz de vivir por su cuenta", y, por desgracia, "ha nacido para morir", añadió.
Sin embargo, para los padres, procedentes de la pequeña isla maltesa de Gozo, el optar por una niña a costa de sacrificar a la otra es un asesinato.
En su opinión, el estado de sus pequeñas es fruto de los deseos de Dios y ellos no son quienes para combatir el curso de la Naturaleza.
La batalla legal comenzó el pasado 4 de agosto cuando los padres de las niñas apelaron contra la decisión del juez británico Robert Johnson de autorizar a los médicos a separarlas.
A la salida del tribunal, el abogado de oficio representante de "Mary", Laurence Oates, resaltó lo delicado del caso y añadió que desconocía aún si elevaría un recurso a la Cámara de los Lores.
Varias asociaciones religiosas y la propia Iglesia Católica han arremetido contra la decisión del tribunal, ya que consideran muy peligroso "legalizar" el asesinato.
Aunque los médicos creen que sacrificar a "Mary" permitiría a "Judie" tener una vida normal, los activistas de organizaciones pro vida temen que incluso ésta pudiera fallecer durante la intervención quirúrgica para separarlas.
El presidente de la Asociación Médica del Reino Unido, Michael Wilks, explicó que el instinto natural de un médico es salvar vidas pero que entendía que ciertas personas antepusieran la ética a otros principios.
"La Asociación -añadió- cree que cuando los padres y los médicos tienen puntos de vista irreconciliables, donde se deben resolver sus diferencias es en los tribunales".