Hace unos años, las autoridades mexicanas se percataron de un serio problema: Las tortugas verdes estaban al borde de su propia extinción y había que hacer algo al respecto.
La decisión fue salomónica y para algunos, exagerada. El Estado Mayor envió a la infantería de marina a varias playas en donde las tortugas hacían sus nidos y en donde frecuentemente sufrían los ataques de depredadores humanos y animales. La situación era simple; para robar los huevos de las tortugas o capturarlas, tenías que retar al ejército mexicano.
La conservación de las especies marinas es un asunto extremadamente serio y ha llevado a los gobiernos de varios países a la tarea de ajustarse los pantalones, a pesar de las críticas.
En Miami, por ejemplo, los comerciantes y residentes están hartos de que se les impida iluminar las playas. Sin embargo, para los ecologistas las cosas son claras. Las luces confunden a las tortugas que se acercan a las arenas a hacer sus niños. Esto es suficiente para que las autoridades controlen la instalación de faroles.
¿Cómo están las cosas en Panamá? Aunque en pañales, existen leyes, instituciones y fundaciones que garantizan la supervivencia de las especies en peligro.
¿Cómo están las cosas en Panamá? Aunque en pañales, existen leyes, instituciones y fundaciones que garantizan la supervivencia de las especies en peligro.
La Ley 24 del año 1995 específicas penas de cárcel y multas dolorosas para quienes ponen en peligro a las especies protegidas. La Autoridad Nacional del Ambiente garantiza el cumplimiento de dicha ley y la Asociación Nacional para la Cosnervación del Ambiente, de la mano del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, apoyan logísticamente la labor de los estamentos oficiales.
El detalle que revierte negativamente en la tarea conservacionista, es la falta de información del ciudadano común sobre los asuntos de la naturaleza. En una sociedad en la que se alienta el robo de huevos de tortuga (alimento muy solicitado por los borrachos de cantina y sujetos que los ven como alternativa natural al Viagra), es difícil impedir que los cazadores furtivos asalten masivamente los niños y, de paso, den muerte a las madres, que desovan sin presentir que los asesinos las asechan.
Si el ser humano es el causante del problema, en sus manos está salir del atolladero. Afortunadamente, han surgido diversas iniciativas que ofrecen esperanza. La más famosa es la de isla Caña, un poblado de Azuero que protege el arribo de miles de tortugas y, por supuesto, el bienestar de los nidos. La más novedosa, por otro lado, es la de Villa Carey, un proyecto eco-turístico que se incorporó en Punta Chame y que en pequeña escala, ha germinado sus primeros frutos.
Iniciado hace nueve meses, se involucró en la tarea de rescatar los huevos tomados de los niños por los lugareños, para reinstalarlos en nuevos nidos y vigilar en eclosión.
Después de varios intentos fallidos, encontraron la fórmula para protegerlas exitososamente. La primera eclosión se dio en octubre, con más de 130 tortuguistas golfinas y una efectividad de más del noventa por ciento y desde entonces, Villa Carey ha traído al mundo a más de seiscientos ejemplares, que también ha incluido tortugas verdes.
La iniciativa es privativa y está sustentada económica y logísticamente por Vilma Elena Morales, junto a su hermano Ramón y Jorge Luis.
En el intento por dar en el blanco, han tenido que educarse informalmente y recurrir a mucha literatura y consultas con el Instituto Smithsonian, ANCON y ANAM. También han tocado puertas y gritado bajo los balcones para recibir la atención de sus primeros benefactores. Aunque el proyecto es bastante humilde (Villa Carey es un terreno de sólo 1,200 metros cuadrados), ya se ha anotado varios puntos. Además del trabajo con los nidos, se dan los primeros pasos para la integración de los niños en una dinámica de educación ecológica.
Para el lanzamiento de un centenar de tortuguistas a las aguas, se convocó a los pequeños del colegio primario, quienes, entre sorpresa y fascinación por los diminutos reptiles, depositaron a los animalitos en la orilla, por supuesto, posterior a que recibieran una charla sobre la conservación de la vida silvestre.
Punta Chame no aparecía en el mapa de sitios de arribo de tortugas y esto se debía a que las instituciones oficiales no tenían informes sobre el hecho. Con material fotográfico, registros de datos y restos conservados de cadáveres, Villa Carey ha obtenido un poco de atención y promesas interesantes, que deben servir para evitar que los depredadores humanos acaben con estas especies marinas.
El lado agradable de esta aventura por la vida es que ha obtenido efectos inesperados. De hecho, viejos cazadores furtivos están haciendo nidos en sus casas, tal vez afectados por una nueva toma de conciencia. El ejemplo de la villa ecológica ha perturbado en buen sentido a los exterminadores. Un estanque con algunas muestras de tortugas y murales informativos, hacen cascarón en ese terreno, además de gráficas y murales informativos, hacen una buena exposición de la naturaleza en su esplendor, luchando por sobrevivir. El medio ambiente, con su temperamento imbatible, pugna contra los escollos interpuestos por la raza humana. En su batalla, ha logrado que algunas personas crucen la cerca y se pongan al frente, por su bienestar. En el naciente "Centro para el Conocimiento y Conservación de las Tortugas Marinas Villa Carey", Punta Chame da luz a una esperanza.