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Una máquina la mantiene viva


El dolor enseñó a Karla a ser fuerte y en su rostro sus ojos reflejan esperanza, vivacidad y su enorme sonrisa ilumina su rostro y es un regalo a quienes son testigos de la titánica lucha que libra contra la adversidad, por seguir disfrutando del derecho a la vida.
Ella, a su corta edad, como pocos, sabe el valor de cada respiro.
A sus 5 ½ años no puede ir al parque de diversiones, ni correr tras una pelota; tampoco ir al río o a la playa. No es dueña de hacer lo que quiera cuando quiera. Está atada a una máquina que es la que la mantiene viva. Hace el papel de sus pulmones, uno de los cuales no funciona y el otro está muy débil. Tiene neumopatía crítica, pero no aguanta una cirugía.
Fue una bebé prematura. Su lucha por vivir inició en el vientre. Según su madre, Jessica Bristán, "mi embarazo fue de alto riesgo, a los cinco meses tuve desprendimiento de placenta. Luego, pre-clampsia severa. Me ingresaron en SEGO (unidad especial de ginecología y obstetricia de la CSS el 19 de noviembre). Me practicaron una cesárea de urgencia. Karla fue seismesina, pesó 2 ½ libras al nacer, el 22 de noviembre de 1998. Estuvo en la Caja de Seguro Social, en cuidados intensivos, hasta el 6 de enero de 1999".
Cuando tenía casi 6 meses le dio bronqueolitis y la hospitalizaron. Luego le dio neumonía. Más tarde, el diagnóstico fue Broncomalasia Pulmonar, una afección poco común. Allí vivió más de cinco años. En septiembre de 2003 retornó a casa y desde entonces la han hospitalizado varias veces en cuidados intensivos.
El aparato de succión al que está conectada, que cuesta B/. 100,000 y hace las veces de pulmones, Se lo regaló un terapista respiratorio de Oregon, EU, Anthony Clark, parte del grupo que apoya el programa Rotario de la Fundación Obsequio de Vida, de cirugías de corazón abierto. Karla, además, debe tomar una leche especial, Pediasure, que la caja cuesta B/.168.96 balboas y trae 24 latas, cada una le dura apenas tres días. La primera caja se la donó el H. L. Sergio Gálvez.
Pese a los altos costos de electricidad, que no puede afrontar la familia, pues sólo trabaja el padre de la niña, Carlos Eliécer Bristán, ella necesita aire acondicionado en su cuarto, equipo que le donaron las Sras. Rina Sofer e Ida Mercier. También necesita pampers y su alimento debe ser licuado.
A Karla sólo la pueden desconectar del aparato por cinco minutos para lavarla o bañarla. Quienes lo usan no pueden hablar, pero ella es excepcional, se las arregla para hacerse entender. Es muy querida en el vecindario y el Hospital del Niño. Tiene espíritu hasta para cantar y bailar al son de la música de Samy y Sandra Sandoval a quienes admira y dijo que quisiera conocer.
Con el dolor como maestro desde que abrió los ojos a la vida, Karla, la bienamada de Dios, se aferra a la vida con valentía y optimismo. Quizás, con la ayuda de Dios y donaciones de la comunidad, esté cercano el día en que pueda desconectarse sin temor de la máquina que la mantiene viva pero la limita.


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157429
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América