Esta dieta es muy frecuente y popular, pero se corre el peligro de reducir también a la mitad la ingesta de nutrientes básicos. No es recomendable porque se trata de una reducción efectuada sin selección alguna. Queda a discreción de la persona adoptarla como una alternativa para bajar de peso.
En esta dieta tan drástica, los depósitos de grasa garantizan el suministro de energía, pero las reservas de proteínas en el organismo son limitadas (de 12 a 22 libras) y, por tanto, una limitación de su ingesta a la mitad puede generar síntomas carenciales en unas pocas semanas.
Si se compensa esta carencia comiendo más carne y pescado, se desvirtúa el equilibrio de la dieta, con riesgo de estreñimiento o carencia de vitaminas.
De todo lo apuntado anteriormente se deduce que la actitud de "tomar la mitad" puede provocar graves déficits de nutrientes y un descenso de la presión sanguínea, que se traducen en estados de agotamiento o debilidad. No es, pues, una dieta sostenible a medio plazo.
- Café o té (sin azúcar)
- Cereal integral con fruta
- Pan integral o galleta de pan con mantequilla, mermelada o miel
- Pescado con papas asadas
- Filete de ternera con arroz
- Hígado con puré de papas
- Muslo de pollo a la plancha con ensalada
- Bistec pequeño con tostada
- Pan con jamón magro, fiambre o queso
- Limonada (baja en calorías)
- Jugo de tomate
- Té
- Agua mineral