La historia de la familia de Ana Frank y amigos, quienes vivieron por más de dos años encerrados para no ser capturados por los alemanes que querían exterminar a los judíos en los años 40 del pasado siglo, ha recorrido las más importantes salas de teatro del mundo.
En Panamá, luego de ser montada en 1991 por el director Carlos Bromley, ocupó las tablas del Teatro En Círculo, bajo la dirección de Edwin Cedeño, en una producción que incluyó a Diana Abouganem, Aaron Zebede y Omar Constantino.
En este montaje que inició presentando la parte final, cuando la empleada y protectora de la familia Frank y amigos entrega el famoso "diario", el equipo actoral donde repiten algunas figuras, al parecer se eligió con precisión basada en las características a desarrollar por cada uno.
Ana Frank, mostrada como una chica entusiasta, optimista, e inteligente, magistralmente interpretada por Ximena Cambefort, quien llevó el mayor peso en la trama que desarrolla por segunda vez.
La actriz logró con lenguaje sencillo, directo y sobre todo, su proyección gestual, acaparar la atención en su mayoría de gente joven que asiste al teatro.
Otra que sobresale con un papel 100% creíble es Rossana Uribe, interpretando a la frívola Sra. Van Daan, amiga de los Frank. Haciendo pareja con Marín Porto, como el Sr. Van Daan, la actriz imprime realismo con cada gesto y movimiento; con una seguridad que poco se ve en el patio.
Por su parte, Teresita Mans, demuestra en esta obra su capacidad histriónica, que aunque, con poco diálogo, deja entrever con cada gesto el desasosiego y tolerancia de Edith Frank, madre de Ana; no sólo poniendo a prueba que el teatro va más allá del diálogo, sino que también es importante la proyección escénica.
Junto a Teresita Mans, Angélica Lavítola, en el papel de Margot, hermana de Ana, se mueve por el escenario sin mucho hablar, pero dejando mensajes claros en el espectador.
En cuanto a diálogo, hay que destacar la capacidad de expresión de Rubén Sánchez, como Peter, hijo de los Van Daan, quien combinó expresión y gestos en un papel de tímido y un poco retrasado, lo cual no resulta nada fácil.
En resumen, lo que más conllevó esta puesta en escena fue el destaque de gestos y proyección del dolor, ansiedad y tolerancia en medio de una difícil convivencia, lo que saben llevar muy bien el experimentado José Carranza, como el gruñón Dr. Dussel, único en utilizar un marcado acento mezcla de judío-alemán hablando español.
Tampoco se quedaron atrás Aaron Zebede, como Otto Frank, Luigi Lescure y Yareli Cartin Horta.
La recreación del escondite de los Frank y el vestuario utilizado, apegado a la época, reforzaron la inspiradora historia, que en esta ocasión se centró en los personajes, más que en el entorno y destino del grupo judío.