En síntesis
- Todos tienen que poner su nivel de compromiso (padres, escuela, medios de comunicación) para lograr ese balance en el que haya disciplina con amor, diálogo, respeto mutuo y se predique con el ejemplo, porque esa carencia de modelos dignos de imitarse es una de las causas de esta situación.
- Juana Herrera - Psicóloga
Preocupa escuchar las noticias o leer los diarios y ver que, cada vez más, niños y jóvenes están involucrados en actividades delictivas y que con facilidad recurren a la violencia como manera de solucionar diferencias.
La situación, que se sale de control, se atribuye a la educación light en el hogar y la escuela.

Sobre la materia, la psicóloga Juana Herrera brinda luces.
Primeramente, echa una mirada retrospectiva a la forma en que se corregía a los hijos hasta mediados del siglo pasado, cuando la tónica era recurrir al castigo físico, tanto en casa como en el colegio.

Recuerda que a los niños los arrodillaban sobre granos de maíz o platillos, les daban doce reglazos en la mano, los paraban de cara a la pared todo el día o los ponían de espalda a sus compañeros, de pie durante horas. No podían ir al recreo ni comer ni ir al baño. Muchos niños se orinaban.
O sea, los humillaban y estigmatizaban. Los marcaban para siempre.

“En nombre de la corrección, causaban daños físicos y emocionales a los niños”, afirma la experta.
No existía psicólogo y nadie objetaba esas prácticas. Con el tiempo, surgieron los defensores de los derecho infantiles y el Código de Familia, que es la herramienta legal que se utiliza cuando hay sospecha de violencia en el núcleo básico de la sociedad.
Sigue su análisis. La educación y la formación han tenido que cambiar. Los padres van perdiendo los límites. Pero, al igual que en los trabajos, que cuando las personas se equivocan no se les corrige con golpes, sino con normas establecidas, los padres deben tener claro hacia dónde quieren llevar a sus hijos y ser responsables, establecer reglas y hacerlas respetar, sin castigo físico, pero con firmeza, sin hacer concesiones y sin flaquear, porque si el muchacho se da cuenta de que puede hacer lo que quiere, manipular al adulto y no se le corrige, cada vez irá perdiendo más el respeto a la autoridad.
Otra conducta muy común en los padres y que a la larga perjudica es que estos dejan los hijos al garete, o la familia - sea completa o disgregada - no dialoga, no se comunica, o si lo hace es por chat y no mirándose la cara unos a otros.