Más datos
- Elenco: Natalie Russo (Marga), Luis Eduardo Laguna (Pablo), Yamiselle Díaz (Matilde), Danitza Barrera (Angelina), Ricardo Urbano (Roldán), Edwin Díaz (Julio), Marjorie Morales (Eulalia), Leory Smith (Eusebio), Ana Slinger (Lulú), Iván Frederich Carrera (Augusto), Gretchel Martinz (Fifí).
- Confección de vestuario: Nelly Aguirre, Modesto Tapia, Tirza Morales.
- Abdiel Tapia además de dirigirla y ser el director ejecutivo de este drama, diseñó la iluminación, escenografía y con Ricardo Urbano el sonido.
Sobre el autor
1903- año en que nació Alejandro Casona, cuyo teatro se caracteriza por el ingenio y humor, que mezcló con sabiduría, fantasía y realidad”.
- de las obras más conocidas de este gran dramaturgo asturiano que falleció en 1965 son: “Los árboles mueren de pie”, La casa de los siete balcones”, “La barca sin pescador”, “La llave en el desván y “Prohibido suicidarse en primavera”.
Hay temas fundamentales que han acompañado a la humanidad en su evolución e involución. A los que no se puede dar la espalda. Con los que no se puede jugar. Sobre los que nunca se termina de decir la última palabra.
Sí, hay mucha tela que hilar cuando de Dios, la muerte y el amor se trata.

Todos tienen algo que decir. De alguna manera le son familiares.
Esquivarlos no se vale. Mejor dicho, es imposible.

Son. Están. Nos tocan. Digamos lo que digamos. Hagamos lo que hagamos.
Darse cuenta de ello, aceptarlo, es de rigor.
En “La tercera palabra”, del genial escritor y dramaturgo español Alejandro Casona, cuyas obras gusta poner en escena el actor y director panameño Abdiel Tapia, porque tratan acerca de temas existenciales, de interés universal, esta tríada (la muerte, Dios y el amor) es el hilo conductor.
Esta puesta en escena de Adelas Producciones & Adelas Team, en el Teatro La Quadra, hasta el 22 de junio, muestra cómo la vida pasa la factura. Como se cosecha lo que se siembra. Y de qué manera el tiempo se encarga de equiparar las cargas.
Pablo, de 25 años, aprende a leer libros gracias a ella, su tutora de la ciudad y en los ojos de Margarita, el amor y la dulzura.
Le había sido vedado conocer más mundo que la naturaleza. La tierra su lecho y el cielo, su techo. Conocía a las estrellas y sus nombres. A las aves y sus cantos. Pero cuando su corazón corría desbocado como su alazán, el “chico” de 25 años que creció lejos de la civilización y no sabía leer ni escribir, que no le tenía miedo a la montaña ni a las fieras y estaba acostumbrado a salirse con la suya, porque nadie le ponía límites, se sintió pequeño, extraño, desvalido, perplejo.
Algo nunca vivido, desconocido, lo impactó. No sabía qué sucedía dentro de él, por qué alguien tan ‘débil’ como una mujer, podía robarle la calma, el sueño, apropiarse de sus noches, sus días, sus pensamientos.
Amor, así se llama eso que transformó su vida, le enseñó la tutora, que fue, a su vez, seducida por esa, la tercera palabra.