El teatro “en solo” es un discurso por un actor o una actriz. Se conoce como un acto “unipersonal”.
No es un monólogo, ya que éste último puede ser llevado al escenario por un comediante o un motivador profesional.
El trabajo más íntimo y profundo de un artista es la narración e interpretación de un sólo actor o actriz, quien interpretará varios personajes y trasladará al público a una vivencia, una experiencia o narración.
Fue como Juan Pablo Flores, actor guatemalteco, abrió su presentación con halagos a la audiencia, “gracias público conocedor”. Es la habilidad de romper el hielo y mantener al público en suspenso, manejar las emociones con cambios de la comedia al drama, abruptamente, sin descuidar “el hilo” principal de la historia. Flores, con su acto “unipersonal” denominado “Los nadies, los ningunos”, trata sobre los olvidados. Se refiere a los actores, a los pobres, quienes no tienen cara en la sociedad, no son humanos, son “recursos humanos” y tienen nombres muy comunes.
Los aplausos y la reacción de un salón lleno en su totalidad demostró que en Panamá hay un vacío que espera ser llenado en los teatros.
La veterana actriz panameña Ileana Solís interactuó con el público.
Con una picardía y desenvoltura completa, el unipersonal de Solís relató el cuento “Mudo quiere ser Diablo”, inspirado en los bailes “congos”.
La experiencia le ha dado la destreza para poder encarnar a varios personajes “alternados” sin crear distracción y confusión alguna en la audiencia.
Ambos intérpretes concluyeron que sus actos son sólo un “reflejo” de la sociedad. Ellos se convierten en un “espejo” en el que la humanidad pueda verse identificada en las situaciones más inverosímiles y cotidianas del diario vivir.
No es un monólogo.
El unipersonal y el monólogo tienen en común que ambos muestran “que alguien habla sólo”.
El unipersonal “dialoga con otros”, pero es el mismo actor quien interpreta todos los personajes con diferentes voces.
El unipersonal incluye “el mimo” en el acto.
El relator y los personajes se diferencian por la voz y un por un “movimiento corporal”.
Los cambios bruscos de drama a comedia y viceversa, por los actores, crean mayor expectativa y una cuota de colaboración entre la audiencia que participa aportando con sugerencias en el acto de “algún hecho” que el narrador deja por sentado o descuidado.
Es una especie de juego que crea un nexo entre el público con la interpretación unipersonal, que muchas veces invita a quienes más colaboran a pasar al escenario para convertirse en unos instantes en un actor secundario.