El paraguas tuvo su origen en Mesopotamia hace 3 mil 400 años y su fin era para cubrirse del sol.
En la antigua Grecia las mujeres lo usaban para resguardarse de la lluvia, y los hombres lo empezaron a utilizar en el siglo XVIII.
Aunque en verdad es un accesorio algo incómodo, no podemos prescindir de su uso, por lo que veremos aquí la forma correcta de hacerlo de la mejor manera, sin molestar a los demás.
Cuando vaya por la calle con el paraguas abierto, levántelo para que no choque con otros paraguas; pero si se cruza con una persona de mayor estatura que usted, entonces deje que sea ella quien lo levante.
Si lleva el paraguas cerrado, tenga punta o no, que sea siempre hacia abajo, nunca como si fuera una lanza.
Si está en un sitio en donde no hay suficientes paraguas para todos, lo normal es cederlos a las damas y a los caballeros de mayor edad.
Cierre el paraguas antes de entrar en un establecimiento u oficina, y busque el sitio en donde se colocan; no se quede con él en la mano mojando a los demás o mojando todo a su paso.
Si está lloviendo, el caballero debe salir primero y abrir el paraguas para que la mujer no se moje cuando salga .
Si tiene algún invitado y cuando se va está lloviendo, ofrézcale un paraguas.
Si es usted a quien le han prestado un paraguas, no olvide devolverlo, y agregue un pequeño detalle por el favor.
El paraguas no es un juguete, especialmente los que tienen puntas. No permita que los niños los usen para jugar, pues se pueden hacer daño o hacerle daño a otras personas.
No abra el paraguas dentro de una casa en donde esté invitado: aunque usted no sea supersticioso, podría ser que los anfitriones sí lo sean.
A la hora de escoger el suyo, hay muchos estilos, colores y diseños, pero el mejor es el de color negro, sobrio y siempre elegante, de regular tamaño, y que sea automático, tanto para abrir, como para cerrar. Le ahorrará muchos problemas a la hora de entrar al auto o salir de él.