Al igual que Alina, miles de personas experimentan estos síntomas al retomar el trabajo. Cuando este estado se prolonga en exceso o se manifiesta de forma muy fuerte, los expertos hablan de síndrome postvacacional.
Según Lourdes Berrocal, psicóloga del Centro Médico San Fernando, el desajuste de horario es la principal causa, seguida del cambio en el ritmo diario y en los ciclos, y sobre todo, en nuestra actividad social.
Si a eso le añadimos el regreso a un entorno de demandas y exigencias a un ritmo que nos hace cambiar bruscamente nuestros hábitos, tenemos muchas posibilidades de ser víctimas del síndrome postvacacional.
La responsabilidad del puesto o las malas relaciones con los compañeros de trabajo pueden agravar o desencadenar este síndrome.
Otra explicación la podríamos encontrar en el tipo de vida y en las actividades del periodo de vacaciones, por lo general más relajado, desenfadado y placentero, en contraste con el marcado carácter disciplinado, exigente y rutinario del resto del año. Se retrasa la hora de levantarse y acostarse y se propicia la libertad de horarios, la prolongación del descanso y las relaciones sociales, expresa Berrocal.
También juegan un papel relevante algunos elementos psicológicos como las motivaciones y la capacidad de reacción y superación ante las dificultades, que suelen plantearse a la vuelta al trabajo y a la rutina cotidiana.
Debilidad generalizada, con dolores musculares, fatiga ante esfuerzos menores y pérdida de fuerza y apetito.
Molestias estomacales, náuseas, sensación de nudo en el estómago, ahogo, y palpitaciones
Dificultad para dormir por la noche y somnolencia a lo largo del día.
Falta de concentración y rechazo al trabajo; hastío y sensación de angustia, que puede llegar a limitar o anular la capacidad de ejecución de tareas.
Cambios de humor continuos, con irritabilidad, e incluso agresividad (aumentan las discusiones y discrepancias con los demás). Otras veces, tendencia a la depresión (tristeza, abatimiento, melancolía).
Sentimiento de desagrado y visión negativa de lo que acontece a su alrededor y en la resolución de los problemas (todo le parece mal y difícil de superar).
La mayoría de las medidas que se proponen están orientadas la prevención. En todo caso, el conocimiento de su existencia, naturaleza y características principales, así como los rasgos del entorno y de la propia personalidad, que pudieran favorecerlo, sin duda pueden ayudar a la detección y abordaje del problema, evitándolo o disminuyendo sus efectos y repercusiones.
Aunque la vida laboral ocupe parte importante del tiempo, no hay que olvidarse de la vida personal y cuidar las relaciones personales.
Resulta muy positivo organizar ese tiempo libre y realizar algunas actividades, ya sean deportivas, de ocio (manualidades, cine, teatro) o colaborar como voluntario con alguna asociación.
Si los síntomas permanecen por más de dos semanas, se recomienda consultar a un psicólogo. Como decía Voltaire con respecto al trabajo: Es una forma de ganarse la vida, es el antídoto del ocio, origen de todos los vicios; y sobre todo, nos proporciona la oportunidad de ser útiles a la sociedad a la que pertenecemos. ¡Feliz regreso de vacaciones!
Concéntrese en aspectos positivos. No piense sólo en lo bien que lo ha pasado en vacaciones o el mal tiempo que representa volver al trabajo. Seguro que su trabajo tiene aspectos positivos concéntrese en ellos y disfrútelos.
Use técnicas de relajación: Puede que practicar disciplinas como el yoga o la meditación, le ayuden a superar el trauma de la vuelta al trabajo. Además, si posteriormente continua practicándolas mejorará su calidad de vida durante todo el año.
Intégrese a su trabajo de forma pausada y ordenada: Intente no volver a la oficina el día siguiente de llegar de vacaciones. Un pequeño período de adaptación (dos o tres días) al horario y el tiempo, suele ser el primer paso para evitar el síndrome.