En un artículo publicado en la revista "Journal of Materials Chemistry", químicos del Colegio Universitario de Londres (UCL) manifestaron que el material es un derivado del dióxido de vanadio.
Su principal característica es que permite el paso de las ondas de luz visible, pero refleja la luz infrarroja cuando la temperatura supera los 29 grados centígrados.
Ahora pregunto: ¿Dónde está el agua que en tus manos
desafiaba la noche e impelía
tu cuerpo al fondo de una inmensa calma
rodeada de peces amorosos?
Desde entonces miraste muchas cosas
y ninguna otra máscara habrá quedado
igual a la de un ángel sin alas y desnudo
añorando tu patria de labios encendidos.
He contestado que tu risa era lo que el viento
traía entre las hojas de los mangos;
que el quejido de muchos animales
algo tuyo tenía al volver de la espuma y de la nada. Dirás que mis palabras son oscuras
y que sólo te entrego un vaso de tinieblas
cuando es tu sed de rosas blancas.
Pero ¿lo oscuro no es también lo claro
y no la carne arcilla mezclada
de agua gris y luceros que el día lentamente borra?
La voz del bardo y los antiguos dioses
es una alfombra de mil hilos trenzados,
y solo uno de ellos nos conduce
de la vida a la muerte sin desvíos. Llueve dentro de ti y tus abuelos
tienen nostalgia de los grillos y las uvas silvestres,
de las iguanas que todavía corren por tu sangre
devorando raicillas
y la música lenta del recuerdo.
Llueve dentro de ti y apenas si te moja
el oleaje de azules ruiseñores
que cantan en tus sienes
y alejas con un gesto de náufrago dormido,
mientras cruzan por tus ojos millones de automóviles
hacia los últimos arbustos
que aun retienen al cielo en su follaje.
cargar sobre tus manos la culpa de Hiroshima,
la parte que te toca de esa sangre quemada
que aulla en medio de los prósperos años como un perro de oro. No puedo verte correr tras de los negros
(barro un poco cocido y nada más, si no lo sabes)
con una tea y después, engullir, el Día de Gracias,
un pavo como un niño de Kentucky. No puedo verte derramar, allá en Los Ángeles,
tu castillo te helechos y neblina,
un oscuro desprecio en el rostro florido de antiguos mexicanos
que te ayudan a ser fuerte y sobre ellos ejecutas tu pujanza.
sólo que pocos son quienes escuchan,
porque es más fácil comer ostras
en copas de cristal y llevar a los labios
dulces manzanas limpias de ceniza,
y decir luego, la voz del histrión es la que vale,
aquella que acaricia nuestro orgullo
como un gato de angora. Pero tú eres distinta y yo te anuncio
que el hombre siempre comerá su pan de versos
y beberá su vino
cuando el amor construye las torres de esmeralda
en los días nupciales,
o cuando las deidades misteriosas
penetran el dormido ser de un niño,
y la muerte lo carga entre sus brazos
húmedos como el mar y como el mar profundo. Ahora te digo adiós. Tal vez mañana
si crecen, nuevamente, jazmines alrededor de tu memoria
un caballo de fuego correrá por el aire
y pasará ante tu puerta.