Viernes Santo es el primer día del Triduo Pascual que centra nuestra atención en la pasión de Cristo y su muerte en la cruz. Es un día santo de ayuno y penitencia, de esperanza y victoria, de sentimientos encontrados.
La celebración de este día consiste en una solemne conmemoración de la pasión y muerte del señor en la que se destaca la lectura de la pasión según San Juan, la adoración de la cruz, la oración universal y la comunión de los fieles.
El color rojo de los ornamentos litúrgicos representa la sangre de los mártires. Cristo murió derramando su sangre con una entrega total amorosa por los suyos : "Yo les he enseñado tu nombre y seguiré enseñándolo; y así el amor con que amaste estará en ellos, y yo también estaré en ellos" (Jn, 17,26). La cruz en la que murió Cristo nos recuerda su pasión y muerte y es signo de salvación, de liberación, nos habla de amor y fidelidad.
Jesús queriendo cumplir con el mandato de su padre se entrega a la cruz y se convierte en víctima pascual ; sin embargo, todas las formas antiguas de pensar chocaban con el pensamiento de la cruz, para los romanos la cruz era algo indigno. Cicerón decía : "Todo lo que tenga que ver con la cruz debe mantenerse lejos de los ciudadanos romanos, no sólo de sus cuerpos, sino hasta de sus pensamientos, ojos y oídos".
Para el creyente en Dios la cruz es signo de salvación que nos habla de amor, de fidelidad, de perdón. Cristo que en todas partes predicó el amor, y el amor a los enemigos, murió perdonando : "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23,24). Y a pesar de tanto amor los líderes religiosos de la sinagoga lo condenan por blasfemo y los líderes políticos lo tachan de rebelde.
El hecho histórico de la muerte de Cristo sigue golpeando la conciencia de la humanidad pues su amor continua presente entre nosotros, presente en cada niño o anciano, en cada hombre o mujer, en cada ser humano que ha sido condenado injustamente y es despreciado en sus derechos.
Cristo asumió el dolor de toda la humanidad para enseñarnos que el sufrimiento y dolor no son el fin pues con su sacrificio abrió para la humanidad una puerta hacia la esperanza de una vida mejor. Esta nueva dimensión de la existencia se dará a través del paso de la muerte a la vida pues para el cristiano la muerte no es final de todo, es el inicio de un todo que es Dios.