Vendedores al son de canto y los pregones
Vendedores de estampitas, verduras, frutas y CD´s, igual como lo hacían en los “diablos rojos”, comercializan sus productos en el metrobús, pero de una manera distinta: al son de canto y de lo pregones.
Una voz masculina rompe el silencio que impera en el interior del metrobús. Algunos de los ocupantes alzan sus miradas, otros siguen indiferentes. Él es uno de los tantos juglares urbanos que cantan o llevan un mensaje para vender sus productos sobre ruedas.
Su voz es fuerte y dice: "Señores y señoras, tengan todos ustedes una excelente mañana, en este maravilloso día venimos a interpretarles una canción". Se trata de “El último beso”, una canción escrita en inglés, la versión original, en la década de los años 60 por Wayne Cochran, pero fue popularizada por artistas hispanohablantes. Uno de los más recordados fue el mexicano Polo.
De esta manera es como Walter Serna, que se hace acompañar por una guitarra, se presenta ante su público: los pasajeros del metrobús de la ruta Santa Librada-Transístmica, transporte que escogió para iniciar su trabajo.
El vehículo se pone en marcha, está casi lleno y las miradas enseguida se posan sobre él. Algunas caras denotan extrañeza, otros hacen caso omiso y continúan en lo que estaban. Mientras otras se dejan llevar por la canción, entre ellas está Claudia, su esposa, que lo mira fijamente y en su rostro se dibuja una sonrisa mientras él canta.
Parece que la musa de la letra fuese ella, pero apenas pasa el minuto y veinticuatro segundos que dura la canción, ella camina hacia atrás para vender los CD's. Son éxitos de los años 60 y música cristiana, que guarda celosamente en una mochila color celeste.
El disco compacto es variado, hay canciones de Leo Dan, Camilo Sesto, Nino Bravo, Los Ángeles Negros y Sandro de América.
Cada CD cuesta un dólar. Pero antes de entregarlos adverten que el producto está garantizado y para darle tranquilidad al comprador ponen su número telefónico en la parte trasera de la carátula, que es blanco y negro.
Una vieja práctica que se ha modernizado
Esta práctica no es nueva, anteriormente en los desaparecidos "diablos rojos" era costumbre ver a personas exponer productos para la venta, vender estampitas o replicar una plegaría y posteriormente pasar de puesto en puesto pidiendo dinero, sin embargo con la entrada del metrobús las cosas se han “modernizado”.
Este transporte se presta para realizar este tipo de actividades de manera diferente, a pesar de que para hacerlo tienen que deslizar su tarjeta para pagar el pasaje como cualquier otro pasajero, no sin antes pedirles permiso a los choferes para realizar su labor.
Inclusive algunos grupos organizados realizan jornadas donde cantan, leen cuentos y hasta hacen pequeñas escenas teatrales sin ningún costo, solo con la intención de agradar al público y llevar a cultura hasta los buses. Un grupo de jovenes forman parte del proyecto cultural “Cuentos para rodar", una iniciativa de Teatro Carilimpia, Ediciones Pelo Malo y Festival de Peosía Ars Armandi.
Whalter forma parte de las 488 mil 289 personas, que corresponde al 37% de la población, que en Panamá se mantienen en el sector informal, según datos de última encuesta de Hogares realizada por el Instituto de Estadística y Censo de la Contraloría General de la Nación.
Pero al parecer este tipo de empleos da buenos frutos. Al menos esto es lo que asegura Whalter, porque dependiendo de cómo esté el día lleva a su casa de $70.00 a $100.00 diariamente. Los que ahorra para pagar el apartamento donde viven, la escuela de sus hijos y demás gastos del hogar.
Tanto él como su esposa salieron de su natal Medellín en Colombia -donde esta actividad es frecuente- hacia Panamá con la ilusión de conseguir una mejoría laboral y económica ya que en sus trabajos como vendedor de celulares y representante de marca de cosméticos, devengaban unos 600 mil pesos unos $330.00.
Al igual que Whalter, Carlos Torrero, vendedor de verduras en El Dorado hace su negocio en el metrobús y Alex González, vendedor de estampitas, aunque no vocifera ni canta sus productos, sus gestos son suficientes para vender.
