Vendedores del abasto entre recompensas y vicisitudes
La tarea no es fácil, requiere de mucho sacrificio, e inicia desde muy temprano; cerca de las 3:00 a.m cuando se da el desembarque y el trueque monetario con los productores de los alimentos que llegan provenientes de distintos puntos del país.
Sus cansados rostros dan cuenta de que dormir no está dentro del itinerario si se trata de cuidar que los productos mantengan la calidad y -al final del día- sean de los más buscados y vendidos en el mercado Agrícola Central.
La tarea no es fácil, requiere de mucho sacrificio, e inicia desde muy temprano; cerca de las 3:00 a.m cuando se da el desembarque y el trueque monetario con los productores de los alimentos que llegan provenientes de distintos puntos del país.
Poco más tarde, la fiel clientela hace presente y se desplaza a lo largo y ancho del mercado que les ofrece en más de 30 puestos una extensa gama de productos desde tomates con un intenso color rojo, ajíes, pimientos, repollo hasta todo tipo de granos y verduras a precios accesibles.
Casimiro García, quien mantiene el alquiler de uno de estos locales, sentado en un gastado tablón, observa el va y viene de las personas que visitan el sitio, algunas de ellas hacen un alto para preguntar a cuánto vende los sacos de pimentones que están a su alrededor.
Él lleva años dedicados a la venta de legumbres (desde el antiguo mercado de abastos) y asegura que, pese a los contratiempos, el negocio no es tan malo.
Pero no a todos les va igual; justo al frente otro vendedor mantiene apilados los sacos de pimentones que aún no ha podido vender y ya suma una pérdida de mil 500 dólares de la semana anterior. "Este es un negocio que da, pero a veces no da. El que cree que el mercado es una mina está equivocado", exclama García haciendo referencia a sus colegas.
Eliecer Gálvez, además de mantener un puesto en el lugar, es productor, ahí vende apio, papas y cebollas que son según él de las más buscadas por la clientela. A su juicio aún las personas prefieren ir hasta este lugar en busca de mejores productos “ya que en los diversos supermercados están demasiados altos”. Atribuye las alzas que se dan en ocasiones en los productos a las inclemencias del tiempo.
“Es muy duro mantener un puesto domingo a domingo, no hay oportunidad para ver a la familia, la madrugadera todos los días tener que venir temprano y salir tarde entre tranques es verdaderamente duro” asegura Gálvez.
Entre tratar de vender, levantarse temprano y procurar que sus productos se mantengan frescos para el público, otros vendedores se enfrentan a peores vicisitudes; están a la merced de los delincuentes que no desaprovechan las oportunidades para saltar los muros que sirven de límite entre el mercado y los edificios colindantes para robar la mercancía que tanto trabajo les ha costado conseguir.
Además, el lugar donde están ubicados, no es del todo salubre, ello se puedo constatar en tiempo real ya que un saco con papas cayó en el fango desde la carretilla de donde era transportado, mientras que un camión quedó atascado por la misma causa, estos en particular se quejan que los productos no están en las mejores condiciones y a raíz de ello muchos clientes prefieren no comprarlos produciendo pérdidas irreparables.
Pero como quien dice “al final del túnel siempre hay una luz”. Algunos guardan la esperanza de que con el nuevo mercado público y la cadena de frío, estas situaciones cambien, mientras, continúan jugándoselas para buscar el pan entre las demacradas y poco atractivas infraestructuras que hoy albergan el mercado público.


