Al conmemorarse la desaparación física del Dr. Arnulfo Arias Madrid


Los hombres comunes y corrientes se convierten eventualmente en una lápida; es la transición inevitable de la vida hacia el olvido. Los grandes hombres, sin embargo, se convierten en estatuas o en monumentos. Pero llega el punto en que esas estatuas los terminan suplantando, y pensamos más en ellas que en el hombre al que se conmemora. Por eso, uno debe conmemorar; eso es cierto, es justo, es cívico. Parte de la historia se aprende y se pasa de una generación a otra haciendo que actos conmemoración que se llevan a cabo todos los años, en las mismas fechas y con las mismas solemnidades. Pero erróneamente creemos todos que, al conmemorar, pagamos ya nuestro tributo a la memoria de los grandes hombres.

En mi opinión, la realidad es otra. No se trata tanto de recordar a una persona, por grande que haya sido, sino de recordar lo que esa persona hizo, las lecciones que nos deja, los sacrificios que fueron una parte de sus vidas. Eso es más importante que cualquier nombre o monumento. Los actos de la vida de un hombre y sus grandes desafíos, las instituciones creadas y sus logros personales, deben ser recordados como lecciones permanentes, más allá de cualquier conmemoración. Deben transformarse esas lecciones en legados vivos dejados por aquellos que, como Arnulfo Arias Madrid, lucharon por hacer de esta nación lo que es hoy día. Con sus defectos y con sus virtudes, vivimos hoy en una patria libre, en la que reina la democracia, porque hombres y mujeres del pasado lucharon porque fuera así; empeñaron sus vidas a la tarea loable de mejorar las condiciones de vida de los panameños y reivindicaron sus derechos en el mundo y en nuestra sociedad; pero sobre todas las cosas, elevaron nuestro sentido de patria y lucharon hasta el cansancio, y hasta la muerte a veces, porque prevaleciera un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Hombres como Arnulfo Arias Madrid, nos enseñaron que el esfuerzo personal es lo único que logra la superación del hombre y de la sociedad. En sus propias palabras, dignas de enseñanza en cada centro escolar de nuestro país, nos dijo: "La igualdad y la superioridad, nadie se la da a nadie; ellas se ganan a base de esfuerzos, de estudio y de preparación, y es deber de todo ciudadano, hacerse fuerte, practicar sanas costumbres y desarrollar las aptitudes heredadas para asegurar dentro de sus capacidades el bienestar para sí y para los demás".

Decía un viejo sabio que su abuelo había andado a pie, su padre a caballo y él en carro; pero que su hijo terminaría nuevamente a caballo y que su nieto probablemente volvería a andar a pie. Porque el ciclo del esfuerzo y del empeño llegaron a ese punto en que alguien decide que tiene derecho a vivir del esfuerzo ajeno del pasado, sin hacer ningún esfuerzo propio. Si solo conmemoramos, pero no honramos y vivimos en nosotros lo aprendido, hacemos algo similar a eso. Aprendamos a dejar huellas propias y no solo a seguir las ajenas, y a ser dignos de las lecciones del pasado que otros han dejado.

 

Rompamos el ciclo de que los esfuerzos que han hecho otros en el pasado se pierdan como huellas en la arena. Aprendamos a dejar huellas propias y no solo a seguir las ajenas, a ser dignos de las lecciones del pasado y, sobre todo, a cumplir la obligación y el compromiso de ser siempre mejores ciudadanos por nosotros y por todos los demás que comparten este suelo que llamamos patria. Esa es posiblemente la lección más valiosa que debemos recordar y vivir hoy, nosotros, al conmemorar la memoria del Dr. Arnulfo Arias Madrid.


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1239581
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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