Aldeas remotas de Brasil confían en la educación para mantener sus raíces


Los caiçaras, comunidades que habitan en el litoral del sur y sudeste de Brasil, podrán preservar sus costumbres tradicionales gracias a la implantación de escuelas con las que se busca evitar que los jóvenes emigren a las ciudades para continuar sus estudios y pierdan con ello sus tradiciones.


Estas comunidades son formadas por grupos que viven en aldeas remotas de la costa brasileña y que se dedican básicamente a la pesca como medio de subsistencia.


Para conservar sus raíces, que se remontan a la época colonial, el mes pasado se puso en marcha un proyecto denominado Azul Marinho que beneficia a 180 adolescentes y adultos de comunidades caiçaras que no consiguieron completar su educación básica y ahora desean retomar sus estudios.

 

"Paré de estudiar hace años porque no tenía condiciones, pero ahora apareció esta oportunidad en mi puerta", relata Eda María Fernandes, una abuela amante de la lectura que con 65 años comparte aula con dos hijas y dos nietas en la aldea de Pouso da Cajaiba, a la que sólo se puede acceder en barco desde la turística localidad de Paraty, en el Estado de Río de Janeiro.


Pouso da Cajaiba, un pueblo de 225 habitantes rodeado por un frondoso bosque y una exhuberante vegetación, forma parte de un conjunto de seis comunidades caiçaras en las que la pesca y el cultivo de mandioca son la principal actividad económica.


Las otras cinco aldeas son Calhaus, Ponta da Juatinga, Saco Claro, Praia do Sono y Ponta Negra, también localizadas en la zona de Paraty, una ciudad histórica bañada por las aguas cristalinas del Atlántico.

 

Con gran entusiasmo, 23 alumnos de Pouso da Cajaiba de entre 13 y 65 años asisten cada día a las clases de portugués y ciencia impartidas por el profesor Thiago Ferrais, un joven de 25 años que cambió su acomodada vida en la ciudad por una aldea aislada, sin siquiera acceso a la electricidad.


"La gente me pregunta si estoy loco, pero esto es un desafío para los estudiantes y para mí", cuenta Ferrais, licenciado en Geografía, junto a la rústica cabaña en la que vive, donde su única iluminación al anochecer es una lámpara de gas.


La iniciativa escolar Azul Marinho, que debe su nombre a un plato típico de los caiçaras elaborado a partir del rodaballo, es un programa impulsado por la Fundación Roberto Marinho y el municipio de Paraty para proporcionar durante 18 meses formación escolar a estas comunidades.

 

El proyecto emplea la metodología del llamado Telecurso, creado para atender por televisión a un público que no puede estudiar en horarios regulares y que ahora ha sido adaptado para impartirlo en aulas presenciales.


Sin embargo, la dependencia económica que Pouso da Cajaiba tiene de la pesca, considerado el principal sustento de las seis comunidades, impide a los alumnos asistir con regularidad a clase.


En la aldea de Ponta Negra, donde casi la mitad de sus 170 habitantes son menores de 20 años, la iniciativa Azul Marinho es la única herramienta para evitar que los adolescentes abandonen su tierra con el fin de prosperar en sus estudios.

 

Edimara, la profesora del pueblo, encara con ilusión el reto de formar a sus once alumnos de entre 16 y 27 años con una "metodología moderna" adaptada a la realidad de la comunidad.


Con el atractivo de un vídeo formativo que puede verse gracias a un pequeño generador eléctrico y que atrae la curiosidad de una aldea en la que no existe la televisión, los estudiantes desarrollan sus actividades con el apoyo de material didáctico y de libros de lectura.


"Voy todos los días de casa en casa para acercar a más estudiantes a las aulas, pero es complicado inculcarles el hábito de asistir a clase diariamente", se lamenta la profesora.


Domingo José Costa, un caiçara de 71 años que ahora se dedica a tostar harina al calor de la leña, confiesa que le agradaría regresar al colegio porque en su juventud no tuvo oportunidad.


"Yo soy analfabeto, pero sé que la lectura es muy importante porque quien no sabe leer está totalmente perdido cuando llega a la ciudad", reconoce a un grupo de periodistas que visitó esta semana la zona.


Con el proyecto Azul Marinho, los caiçaras no sólo se aferran con fuerza a la educación para mantener intactas sus raíces, sino que luchan por continuar con un estilo de vida decimonónico que renuncia a las comodidades y a los avances tecnológicos del siglo XXI.



Aday López


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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