Los países latinoamericanos necesitan reformular sus historias nacionales y alejarse del "victimismo" que pervive en muchas de ellas, una influencia que ha sido "sumamente nociva para la construcción de futuro", explicó a Efe la historiadora mexicana Johanna Lozoya.
En entrevista a propósito del lanzamiento del libro "Ciudades sitiadas" (Tusquets, 2010) la también doctora en Arquitectura sostuvo que México, un país con una historiografía "ultranacionalista", sería el más victimista de todos frente a Chile, el que menos, que no se cuestiona tanto su identidad nacional y se forjó a través de las migraciones.
La obra "no es un libro sobre arquitectura" sino un análisis sobre la construcción desde de las identidades sociales en América Latina, un subcontinente que Lozoya (Moscú, 1965) prefiere tomar como un espacio "heterogéneo" de "mundos mentales parecidos", explica.
La experta mexicana entiende que las ciudades son "mundos culturales" y, en el caso de América Latina, siente que albergan "un pensamiento que está amurallado, a la defensiva", lo que se traduce en sociedades donde "los enemigos se han ido pero siguen a la defensiva".
Según la arquitecta, los países latinoamericanos más victimistas son aquellos cuya historia se ha inventado desde un "origen remoto prehispánico", como Perú, Bolivia y "un poco Colombia", frente a otros como Brasil, donde el debate sobre la identidad "no es un problema principal".
En general el victimismo latinoamericano, cuyos orígenes estarían a mediados del siglo XX, se manifiesta en una visión donde, fenómenos como las Independencias, "que en el fondo son guerras civiles, se transforman en una especie de 'saldos de cuentas' en donde renace la nación, prehispánica, mítica", comenta Lozoya.
"Latinoamérica se ha acorazado un siglo entero y lo único que ha pasado es que ya está sitiada internamente, se ha fosilizado (...) en términos de pensamiento", agrega.
Manifestaciones de lo anterior se encuentran en ver "una amenaza" en la otredad y en todo lo que viene del extranjero, frente a tendencias habidas en otros países que se han abierto y han lanzado proyectos más integradores e incluyentes.
En México, donde existe un "enamoramiento absoluto" de una historia que se fundamentada en la raza y "se asume como verdadera y esencialista", sucede algo "terrible" porque "la nación se transforma en un relato de fe, no de saber", explica.
En su obra Lozoya traza un símil entre las "ciudades amuralladas" y una región, Latinoamérica, que a su juicio "sólo ha sido víctima de sí misma".
Para romper con esa forma de pensar sugiere "revisar y reconstruir" las historias nacionales y que la gente se atreva a cuestionar los relatos oficiales, cargados de construcciones simplificadoras o míticas, de "xenofobias, marginaciones" y "censuras".
Finalmente, a la pregunta expresa sobre qué representan megaurbes como Río de Janeiro, Ciudad de México o Buenos Aires, algunas de ellas hiperdesarrolladas y con amplias zonas marginales, dijo que posiblemente son una manifestación "una incapacidad de haber logrado un proyecto de nación" basado en la "equidad del ciudadano" como el que existía en las sociedades del siglo XIX con la burguesía en el centro.
"Estamos ante una 'ventanita' a lo que posiblemente sea futuro de las sociedades occidentales en términos urbanos", asegura Lozoya, nuevos espacios basados en nuevos valores alejados de los de la clase media tradicional, y más ligados con la colectividad y el gregarismo.