El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo hoy que se siente "profundamente entristecido" por los recientes actos de violencia en la ciudad nigeriana de Jos, que han causado numerosos muertos.
Ban expresó en un comunicado sus condolencias a las familias de las víctimas y también al Gobierno y al pueblo de Nigeria y manifestó la disposición de las Naciones Unidas de apoyar los esfuerzos para ayudar a los afectados.
Además, valoró la respuesta del Gobierno nigeriano a los esfuerzos por controlar la situación y restaurar la normalidad.
Las autoridades del estado nigeriano de la Meseta Central Norte, donde está la ciudad de Jos, discrepaban hoy acerca del número de fallecidos en los disturbios político-religiosos registrados en los últimos días en esa población.
En declaraciones a medios locales, Samaila Mohamed, representante en la cámara baja del Parlamento nigeriano de ese estado, manifestó que 376 víctimas de la violencia fueron enterradas en una fosa común después de recoger los cuerpos en la Mezquita Central de la ciudad y añadió que "se teme que haya muchos más muertos".
Sin embargo, el portavoz del Gobierno del estado de la Meseta Central Norte, Nuhu Gagara, afirmó que las cifras de muertos que se han dado "son exageradas" y que el total es de "unos doscientos".
Entre 4.000 y 7.000 personas, según distintas fuentes locales, se han visto obligadas a abandonar sus hogares y huir hacia otras zonas para evitar la violencia.
Los disturbios se iniciaron el pasado viernes por el retraso en el anuncio de los resultados de unas elecciones locales celebradas la víspera, informaron las autoridades de ese país.
Los primeros en iniciar los disturbios fueron los seguidores del grupo opositor Partido de Todos los Pueblos de Nigeria (ANPP), al sospechar que podía haber un fraude para que su candidato perdiera las elecciones a la Presidencia del consejo local de Jos Norte frente al aspirante del gobernante Partido Democrático Popular (PDP).
Grupos de jóvenes atacaron con garrotes y machetes la zona de Jos Norte, el área comercial de la ciudad, y destruyeron comercios y locales, con lo que obligaron a numerosos residentes a refugiarse en la comisaría de policía.