Cada molécula o parte de este espantoso y fantástico ser, que segundo a segundo actúa contra el orden regular de la naturaleza en nuestro país, se engorda con al menos 1.3 libras de desechos que, en promedio diario, produce cada uno de nosotros.
Así, los más de tres millones de habitantes de Panamá nos hemos convertido en creadores y alimentadores de una criatura que anualmente aumenta de peso en medio millón de toneladas, auténtica montaña de basura que fácilmente llena el estadio nacional Rod Carew.
Y este monstruo, que anda suelto, ataca en todos los frentes.
En la ciudad de Panamá los ríos y quebradas están contaminados porque se han convertido en vertederos. El río Palomo, el río Río Abajo, el Curundú, el Mataznillo, son sólo un ejemplo.
En ellos ya no existen especies animales. Han muerto. Y cada vez que llueve, por la acumulación de basura, se producen inundaciones que afectan a los mismos moradores de las comunidades que en sus aguas la arrojan.
Luis Fernando Sucre, director del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) explicó que se han identificado más de 137 zonas vulnerables, porque "nosotros creamos nuevos lugares de inundación al verter basura en estos sitios", recalcó.
Estadísticas de la entidad indican que en el 2007, sólo en la provincia de Panamá, se registraron 15 eventos (inundaciones) que afectaron a 282 personas, mientras que en el ámbito nacional fueron 9,159 afectados.
Pero la basura también tiene graves implicaciones ambientales. Al acumularse produce lixiviados (líquidos tóxicos) que contaminan las aguas subterráneas y pueden hacer lo mismo con los ríos que abastecen de agua potable a los pueblos y ciudades, que de por sí , ya no gozan del líquido en su mejor calidad.
"Hay contaminación del suelo, del aire por los gases que emiten los vertederos que no están controlados y que esporádica y espontáneamente ocasionan incendios, se afectan las especies y los cuerpos de agua (lagos, océanos y ríos)”, recalcó con preocupación Natalia Young, directora nacional de protección y calidad ambiental de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
"La gente tiene que ser más consciente", manifestó Gabriela Etchelecu, directora ejecutiva de la Fudanción MarViva, entidad a la que preocupa la situación que se genera por la acumulación de basura en los ríos, mares y playas.
En las limpiezas de playas que se realizan cada verano la recogida de desechos se mantiene en alrededor de 70 mil libras. De todo lo que se recolecta, más del 40% es plástico y el 80% proviene de actividades que se realizan en tierra.
De modo que los desperdicios que no llegan a un basurero y que son tirados en los ríos y quebradas, llegan al mar y también causan la muerte de más de un millón de pájaros marinos y de 100 mil mamíferos acuáticos, cada año.
La ambientalista propone ponerse de acuerdo mundialmente. Considera que hay mucha pasividad por el tema de la basura y que en Panamá nos sentimos ajenos al problema.
"Los ciudadanos piensan que no les afecta la basura. Sin embargo, el problema no sólo se esconde en Patacón", recalcó.
Y los problemas no terminan allí. La calidad de vida de los panameños también se deteriora.
Desde enfermedades estomacales e infecciosas, y virus mortales, se desatan y llenan los centros hospitalarios con víctimas que no reconocen al verdadero enemigo.
Estudios realizados por un grupo de científicos norteamericanos (Junk, G. y Ford, S.) publicados en la revista Chemoespher en 1980, reportan que son más de 200 compuestos químicos orgánicos, los que se liberan durante la incineración de la basura.
El benzeno y el benzilcloro son unos cuantos químicos mortales que afectan al ser humano. El primero está relacionado con el cáncer humano y el segundo es de alta toxicidad.
Ni hablar de las enfermedades que salen de esta "caja de pandora". Infecciones respiratorias (faringitis, laringitis), infecciones intestinales (cólera, amebiasis), el dengue clásico y el dengue hemorrágico, se desata con la basura, porque les sirve de criadero.
La basura también produce enfermedades como la otitis media aguda, conjuntivitis, neumonías y bronconeumonías, gripe e intoxicación por plaguicida.
Esto, porque la acumulación de los desechos propicia la proliferación de ratas y demás roedores, además de pulgas, moscas, cucarachas y perros. Estos son transmisores de gérmenes que a su vez, propagan enfermedades como peste bubónica, la tiña y la rabia.
José Guillermo Sánchez Paredes, investigador del Instituto de Investigaciones Tropicales del Smithsonian (STRI), explicó que hay que prestar atención a los insectos que viven en la basura, en especial a las cucarachas, porque buscan la basura como refugio y centro de multiplicación.
Las cucarachas son diseminadoras de bacterias como la salmonella y la Staphylococcus que causan problemas estomacales, ya que contaminan los alimentos.
También alertó sobre las moscas de la especie Musca doméstica , que se alimenta de basura, ya que este insecto tiene la facultad de vomitar y defecar al instante de comer y así incrementa su capacidad de propagar agentes infecciosos por medio de los desechos.
Así, el riesgo que genera la basura como productora de enfermedades, está relacionado directamente con el contacto que tengan las personas con ella.
Además, las personas que desarrollan tareas con la basura pueden adquirir enfermedades en la piel por hongos e infecciones.
[primera parte]