Las celebraciones del Día de los Difuntos en Bolivia, que concluyen hoy, mantuvieron este año sus tradiciones centenarias de ofrendas a los seres que ya no están en la Tierra, mientras muchos jóvenes lo festejaron imitando modelos importados de Estados Unidos como un Halloween terrorífico.
La fecha "grande" es hoy, cuando los camposantos bolivianos se llenan de familias que se reúnen alrededor de las tumbas para despedir las almas que llegaron un día antes, para rendirles el homenaje más tradicional.
El primero de noviembre Bolivia se prepara para recibir con coloridas celebraciones a los muertos en cada casa, coincidiendo con la festividad de Todos los Santos.
En un evento más arraigado en las zonas rurales y humildes que en las urbes modernas, las familias bolivianas instalan unos altares caseros llenos de fruta, bebidas alcohólicas, dulces y las tradicionales "t'ant'awawas", figuras antropomórficas hechas con pan.
Es así como se espera el regreso de las almas de los seres queridos, que se presume para el mediodía del día 1, en lo que llega a ser una fiesta por todo lo alto y en la que se recuerdan momentos que los muertos dejaron durante su paso por la Tierra.
Al día siguiente, las mesas-altar se trasladan sobre el preciso lugar donde reposan los cuerpos, y durante todo el día se come y se bebe para dar la despedida merecida al ser querido.
El cementerio deja su tradicional color grisáceo y su silencio sepulcral para dar paso a coloridas cañas, flores luminosas, guirnaldas variadas y el ruido y la música de familiares que celebran el día que estuvieron con sus antepasados.
Asimismo, se acercan a las diferentes tumbas los denominados "rezadores", normalmente jóvenes de las poblaciones más humildes y pobres del Altiplano, que intercambian sus rezos y mejores deseos para el alma de los difuntos a cambio de algunos de los alimentos que adornan los altares de las tumbas.
Terminado el día 2 de noviembre, las almas de los difuntos regresan de donde vinieron, a la espera de la fiesta del año siguiente.
Si bien el trasfondo de la celebración es el mismo, el culto a los muertos, las influencias de la supuesta modernidad estadounidense hacen mella en unos adolescentes urbanos más preocupados por pasarlo bien que en recordar a los seres queridos.
Los jóvenes apostaron por imitar, el domingo, esos modelos "gringos" y se lanzaron a las calles para celebrar Halloween, este año con la novedad de la convocatoria, vía redes sociales, de la primera "marcha zombie" en La Paz.
Cerca de un millar de adolescentes paceños se concentraron en la principal arteria de la ciudad llenos de cicatrices, ropa rota, máscaras demoníacas y litros y litros de sangre (falsa), paralizando por una hora el centro de La Paz con un único reclamo: un cerebro.
A ellos se les unieron niños que, acompañados de sus progenitores, iban a una de las múltiples fiestas de disfraces organizadas por centros comerciales y cadenas de comida rápida, que premiaron a los mejores disfraces "de miedo" de la ciudad.
Ya por la noche, los mayores pudieron disfrutar en sus habituales 'boliches' (bares y discotecas) de fiestas con aires góticos y tenebrosos, con salas llenas de telarañas y calabazas, al más puro estilo norteamericano.
Pero aquí no terminan los honores a los muertos en la vida boliviana.
En una tradición muy arraigada en el Altiplano boliviano, el 8 de noviembre, justo una semana después de Todos los Santos, existe el culto a las 'ñatitas', calaveras humanas reales que se tienen en casa para que protejan los hogares, y que tienen en esa fecha su fiesta.