Bosnia-Herzegovina sufre su peor crisis desde el fin de la guerra en 1995, debido al punto muerto en que se encuentra la formación de un Gobierno central, los problemas económicos y las violaciones de los acuerdos de paz de Dayton.
Así lo advirtió hoy ante el Consejo de Seguridad de la ONU el alto representante internacional en el país balcánico, Valentin Inzko, quien mostró su preocupación sobre todo por las acciones llevadas a cabo por la República Serbia de Bosnia, entidad autónoma que forma el país junto a la Federación croata-musulmana de Bosnia.
La República Serbia de Bosnia, se lamentó Inzko, ha realizado "la violación más seria del Acuerdo de Paz de Dayton" desde su firma en 1995, cuando se puso fin a la guerra en Bosnia, en la que murieron más de 200.000 personas y considerada la más sangrienta en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Inzko hizo así referencia a la decisión de las autoridades serbobosnias de llevar a cabo un referéndum en junio sobre la validez de muchas instituciones estatales del conjunto de Bosnia-Herzegovina, como el tribunal nacional bosnia encargado de juzgar crímenes de guerra.
Desde el fin de la guerra civil (1992-1995), Bosnia es un Estado integrado por dos entes autónomos: la Federación croata-musulmana de Bosnia, que abarca un 51 por ciento del territorio, y la República Serbia de Bosnia, que ocupa 49 por ciento restante.
Además, Bosnia es de hecho un semiprotectorado internacional, puesto que la máxima autoridad en el país es un alto representante internacional de amplias potestades, cargo que ocupa ahora Valentin Inzko.
El diplomático austríaco denunció ante el Consejo de Seguridad que esa consulta que pretenden realizar las autoridades serbobosnias cuestionará incluso la validez de su propio cargo de alto representante.
Ese cargo le otorga potestades para derogar o impedir la aplicación de leyes e incluso para obligar a los funcionarios del país a renunciar a sus puestos.
"Si esas acciones siguen su curso, tendrían un impacto enorme en la funcionalidad y estabilidad de Bosnia-Herzegovina", señaló el diplomático, quien aseguró al órgano de la ONU que, de producirse el referéndum, no tendrá "más opción que anular su resultado".
Inzko denunció además que las autoridades serbobosnias, especialmente su presidente, Milorad Dodik, "ha cuestionado abiertamente la integridad territorial y la soberanía de Bosnia-Herzegovina al apostar pública y repetidamente por la disolución del país".
El alto representante también alertó de que esas mismas autoridades siguen negando que ocurriera la matanza de Srebrenica, pese a que ha sido confirmada por tribunales internacionales de guerra.
Esa fue la matanza más sanguinaria de la guerra, perpetrada en julio de 1995 por los serbobosnios en las inmediaciones de Srebrenica, en la que murieron unos 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes sin que lo impidieran los cascos azules holandeses, que patrullaban en la zona.
Inzko utilizó su informe para poner de manifiesto la necesidad de que siga habiendo presencia internacional en el país balcánico, al tiempo que pidió que la comunidad internacional no demuestre "fatiga" ante la situación en Bosnia-Herzegovina.
El diplomático también informó al Consejo de Seguridad que "no hay visos" de que se forme ningún nuevo Gobierno estatal, cuando ya pasan siete meses desde que se celebraron las elecciones y mientras los partidos no avanzan en sus negociaciones.
La jefatura del Gobierno en Bosnia es colegiada y debe estar integrada por un musulmán, un serbio y un croata, un proceso paralizado desde las elecciones y que, sumado a la crisis económica, también deja estancado el camino de Bosnia-Herzegovina hacia la integración en la Unión Europea y la OTAN.