La V Cumbre de las Américas comenzó hoy en Puerto España con buenos augurios, tanto en lo referente a la polémica vuelta de Cuba al sistema interamericano como en las noticias sobre una mayor ayuda financiera para Latinoamérica.
El secretario general de la Organización de Estados Americanos, (OEA), José Miguel Insulza, dio un primer indicio al anunciar que planteará la derogación de la resolución que suspendió a Cuba como miembro del organismo en 1962 en la Asamblea General que se celebrará en San Pedro Sula (Honduras) en junio.
La cuestión cubana, que está llamada a ser el gran tema de debate en la capital de Trinidad y Tobago, acaparó desde el inicio la atención de los jefes de Estado o de Gobierno de los 34 países participantes.
La argentina Cristina Fernández, el nicaragüense Daniel Ortega, el beliceño Dean Barrow y el trinitense Patrick Manning coincidieron en sus intervenciones en la sesión inaugural en solicitar la vuelta de Cuba a la OEA sin condiciones, así como el fin del embargo comercial que EE.UU. impuso a la isla en 1962.
El más vehemente fue Ortega: "No me siento cómodo en esta cumbre, siento vergüenza de estar participando en esta cumbre (que) me niego a llamarla cumbre de las Américas", señaló el presidente nicaragüense, en alusión principalmente a la ausencia de Cuba.
La unanimidad entre los países latinoamericanos con respecto a Cuba es casi total, tanto que el mandatario de EE.UU., Barack Obama, prometió en su primera intervención en una cita continental "una nueva dirección" en la relación entre su país y Cuba.
"No estoy interesado en hablar por hablar. Pero creo que podemos llevar la relación entre Estados Unidos y Cuba en una nueva dirección", sostuvo el gobernante, quien admitió que será "un largo camino el que debe recorrerse para superar décadas de desconfianza, pero hay pasos clave que podemos dar hacia un nuevo día".
Ante el temor de que los países aliados de Cuba -y principalmente Venezuela y Bolivia- terminaran aguando la fiesta de la V Cumbre, el venezolano Hugo Chávez se mostró conciliador al llegar y dijo que llegaba a la cumbre con la mejor disposición.
"Traigo toda la buena disposición para una nueva era en este continente" americano, declaró Chávez, ante la pregunta de si veía algo positivo en el evento que hoy se inauguró.
La buena disposición se expresó también en gestos simbólicos: tanto Chávez como su aliado Daniel Ortega estrecharon la mano de Barack Obama y ambos se congratularon -el primero en un comunicado de la Presidencia y el segundo en su discurso- de haber tenido el honor del histórico apretón.
Las otras señales de optimismo llegaron desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Gobierno estadounidense.
Horas antes del comienzo del cónclave, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo en Santo Domingo que el Gobierno de Obama "está comprometido" a destinar un 17 por ciento más de fondos a América Latina y el Caribe, porque considera "que es lo correcto y lo inteligente".
Clinton señaló que su país hará este esfuerzo, a pesar de las dificultades económicas que atraviesa, porque es en estos momentos de crisis cuando hay que "extender una mano hacia afuera".
Por otro lado, el Consejo Ejecutivo del FMI aprobó hoy una línea de crédito de 47.000 millones de dólares para México, el mayor programa de su historia, una señal de que la crisis empuja a América Latina de vuelta al organismo.
México se convirtió así en el primer país en tener acceso a la llamada "Línea de Crédito Flexible", un mecanismo puesto en marcha por la entidad para dar un apoyo preventivo a Fobiernos con una buena política económica, al que podrían acceder naciones como Brasil o Chile.
Además, Costa Rica y El Salvador han firmado acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y Guatemala espera que la próxima semana el directorio de la institución dé el visto bueno al suyo.
Nicolas Eyzaguirre, el director de su departamento de América Latina, prevé que el Fondo suscriba programas crediticios con entre seis y nueve países de la región.
Acudir al FMI ha sido tradicionalmente un trago amargo para los Gobiernos latinoamericanos, pues les hace vulnerables a las críticas de un sector de la izquierda que ve a la entidad como el baluarte del capitalismo sin corazón.
La V Cumbre de las Américas tendrá mañana sábado su día más intenso, con las tres sesiones formales sobre la prosperidad humana, la seguridad energética y la gobernabilidad.
Las respuestas a la crisis económica global para mitigar su impacto en Latinoamérica saldrán a relucir, además de cómo combatir el narcotráfico y el problema de los indocumentados mexicanos y centroamericanos, en su mayoría en Estados Unidos.
Cuba, casi medio siglo aislada en la OEA por la ofensiva comunista en América
Cuba fue suspendida de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962 por sus vinculaciones con los países del bloque chino-soviético, consideradas "incompatibles" con el sistema interamericano.
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, anunció hoy que propondrá a la próxima Asamblea General del organismo, que se celebrará en Honduras del 1 al 3 de junio, debatir la derogación de la resolución que suspendió la participación de Cuba en la institución.
Insulza considera que la resolución adoptada en 1962 es un "residuo de la Guerra Fría" y que contiene referencias históricas que no concuerdan con la realidad política actual.
Eso sí, precisó, una posible derogación de dicha decisión de 1962 no implica la readmisión automática de Cuba a la OEA, que requeriría otros pasos y debates adicionales.
El 9 de noviembre de 1961, en uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría, Colombia solicitó una reunión de ministros de Exteriores de Latinoamérica para analizar "las amenazas a la paz y a la independencia política de los Estados" del continente.
Colombia aludió a "la intervención de potencias extra continentales, encaminadas a quebrantar la solidaridad americana".
La convocatoria se produjo en un momento de especial preocupación por la creciente injerencia del comunismo soviético y chino en Cuba, que temían que pudiera extenderse por el continente.
La reunión se celebró en Punta del Este (Uruguay) del 22 al 31 de enero de 1962, como órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).
En el encuentro, los cancilleres declararon que la unidad continental y las instituciones democráticas de la región estaban en peligro por la intensificación de "la ofensiva subversiva de Gobiernos comunistas, sus agentes y las organizaciones controladas por ellos".
Alegaban que el propósito de esta ofensiva era la destrucción de las instituciones democráticas y el establecimiento de dictaduras totalitarias al servicio de potencias extra continentales, según la resolución adoptada entonces, a la que tuvo acceso Efe.
En la reunión, alegaron que las fuerzas comunistas querían implantarse en los países subdesarrollados y en América Latina, y como prueba citaron la toma de poder de un Gobierno marxista-leninista en Cuba.
Los ministros consideraron que los principios del comunismo eran incompatibles con los del sistema interamericano y, en una resolución de varios artículos, mencionaron "la continuada intervención de potencias chino-soviéticas" en América.
Entre otros puntos, concluyeron que Cuba se había "identificado con los principios de la ideología marxista-leninista", había establecido un "régimen político, económico y social fundado en esta doctrina" y aceptaba la "ayuda militar de las potencias comunistas extra continentales".
También citaron la amenaza de intervención armada de la Unión Soviética en América.
Por ello, declararon que el Gobierno de Cuba, como consecuencia de sus actos reiterados, "se ha colocado voluntariamente fuera del sistema interamericano".
La adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo, dijeron, "es incompatible con el sistema interamericano y el alineamiento de tal Gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad" del continente.
"Esta incompatibilidad excluye al actual Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano", afirmaron los cancilleres en la resolución, en la que también pidieron a los países que suspendieran de inmediato el comercio y tráfico de armas y material de guerra con la isla.
Las sanciones contra Cuba recibieron las dos terceras partes de los votos requeridos por el TIAR. A la reunión asistieron 21 naciones que habían ratificado el tratado en aquel entonces.
Los países del TIAR no son todos los que pertenecen a la OEA, que está formada por 34 Estados miembros. No obstante, la intención del secretario general de la OEA, Jose Miguel Insulza, es que la decisión de derogar aquella resolución sea adoptada por consenso por la Asamblea General, el órgano plenario de la institución.