Pidió también hacer un pueblo de hermanos fundado sobre las exigencias de la fe y del amor sin distingo alguno.
PARA la década del 80 Centroamérica se encontraba en una frenética lucha de poderes. Conflictos ideológicos, regímenes impositivos y la intromisión de grandes potencias dominaban el panorama.
Aún así, el Papa escogió el mes de marzo de 1983 para visitar la golpeada región centroamericana. Era el primero con este título en visitar la región, a casi 20 siglos de la llegada del catolicismo.
A punto de cumplir 63 años y recuperándose del atentado sufrido dos años antes el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima el Pontífice dio inicio a su gira.
Muy temprano, a las 7:47 de la mañana Juan Pablo II salió del Vaticano para dar inicio a su viaje apostólico. No fue hasta las 3:19 que descendió del avión para besar el suelo de Costa Rica, el arzobispo local Monseñor Román Arrieta y otros prelados le dieron la bienvenida.
El pueblo no quiso privarse de recibir al Sumo Pontífice, dos hileras humanas se formaron para dar paso al "papamóvil" desde el aeropuerto. Llegaron en autobuses y trenes desde zonas rurales de todo el país.
El Papa hizo de la Nunciatura, en Rohrmoser su casa mientras estuvo en el país.
El siguiente paso sería Nicargua, ampliamente polarizado por fuerzas políticas y el recrudecimiento de la guerra.
Fue en este territorio donde los fuertes comentarios políticos del Papa le ganaron abucheos que el prelado trató de acallar.
De Panamá, donde el régimen ejercía su implacable autoridad, Juan Pablo II pasó luego a El Salvador, donde visitó la tumba del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado tres años antes, lo que evidenciaba la tensión política a la que estaba sometida el clero en ese país.
El Papa llegó, según cuentan los presentes, con una rígida expresión facial. Una gigantesca pancarta lo recibía "¡Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la Revolución!", expresaba.
En desacuerdo con el sandinismo, el Pontífice pidió que ningún sacerdote del gobierno lo recibiera, pero el padre sandinista Ernesto Cardenal, estuvo presente aún contra su voluntad.
El Papa saludó a todos los ministros y cuando le tocó el turno a Cardenal, e intentó besarle el anillo, el Pontífice no lo permitió y acto seguido le amonestó públicamente: "usted debe regularizar su situación", todo ante la prensa mundial.
Si algo se recuerda aún de la visita del Papa a Nicaragua es el momento en que fue abucheado.
Eran unos 70,000 fieles los que lo esperaban para atender su discurso cuando de pronto las aclamaciones se convirtieron en abucheos contra las palabras del Papa.
El acto final de bendición casi no se logra, cuando la multitud comenzó a entonar el Himno Sandinista.
El Papa renunció a todo protocolo de despedida en el aeropuerto, a donde se fue inmediatamente después de la misa; sin embargo, fue persuadido y partió en medio de la l ceremonia correspondiente. El incidente recorrió el mundo.
Centroamérica recibió al Santo Padre con los brazos abiertos
Honduras, Belice y Haití fueron los últimos tres destinos de un viaje de ocho días por tierras centroamericanas. A su paso por todas estas regiones hizo un llamado a la pacífica convivencia social, fruto de la justicia y de la reconciliación.