Mediodía en el sur de Irak y un extraño silencio reina en Umm Qasar, Al Zubair, Safwan o Al Jabjus: La guerra ha enmudecido los minaretes de las mezquitas de la región y ha obligado a la población a renunciar a sus oraciones comunitarias del viernes, día sagrado para el Islam.
"Sin electricidad, el almuédano no puede llamar a los fieles a rezar. De todas maneras no vendrían", explica el guardián de la gran mezquita de Al Zubair, un inmenso e imponente templo con bóvedas verdes esmeralda que preside la ciudad, donde la corriente eléctrica fue cortada hace más de 10 días debido a los enfrentamientos.
Según él, la localidad, situada no lejos de Basora, está dividida por un lado entre sunnitas y chiítas y por otro entre partidarios de Sadam Hussein y detractores. El guardián del templo explica que hay milicianos escondidos entre la población civil que imponen el miedo y obligan a la población a decir que "aman a Sadam". "En estas condiciones, la gente prefiere no venir a rezar por miedo a que ocurra algún altercado en un lugar sagrado", explica.
La población del sur de Irak, en su mayoría chiíta, es profundamente religiosa y respeta rigurosamente las tradiciones del Islam, entre ellas las cinco oraciones diarias. En parte, esto les valió que el régimen de Sadam Hussein, que pertenece a la rama sunnita, les aislara y les condenara a la precariedad económica desde hace años.
"Hace días que rezamos en nuestras casas. Nos lavamos, nos perfumamos y hacemos nuestras cinco oraciones diarias", explica Kisma, madre de familia y musulmana ejemplar, según sus hijas, que vive en una casa en el centro de Umm Qasr.
En sus plegarias, esta mujer pide con más fuerza que nunca un país libre para sus hijos, sin Sadam Hussein pero gobernado por iraquíes "porque no se puede esperar nada bueno de países como Estados Unidos o Gran Bretaña que quieren destruir el Islam".
Ella y otras decenas de personas que se aglomeran a las puertas de este campo de prisioneros en busca de noticias de sus seres queridos pretenden hacer sus oraciones del viernes al aire libre, bajo el sol del mediodía.
"Pero es difícil rezar en tiempos de guerra, con el cuerpo sucio y el alma con sentimientos tan poco puros", asegura Alí, mientras pasa nervioso de una mano a otra el "masbaha", un pequeño collar de cuentas de plástico con el que los musulmanes rezan y piden protección a Dios.