China conmemoró hoy, con minutos de silencio y homenajes en diversos lugares del país, el tercer aniversario del terremoto de Wenchuan (oeste), que causó cerca de 88.000 muertos y desaparecidos y fue el más grave sufrido por el país asiático en casi 35 años.
Además, familiares y visitantes se acercaron para rendir homenaje a las víctimas a las ruinas de Beichuan, Yingxiu y otras localidades destruidas por el seísmo de 2008, donde se han mantenido muchos de los edificios tal y como quedaron tras la catástrofe, como recuerdo de ésta.
Los parientes de los fallecidos quemaron incienso, billetes falsos de millones de yuanes -según las creencias orientales, para que sus seres queridos tengan dinero en el otro mundo- y petardos junto a las ruinas para alejar a los malos espíritus, mientras la prensa oficial hacía balance de las tareas de reconstrucción.
Algunos de ellos llevarán a cabo estas prácticas este año por última vez, ya que la tradición china marca que el luto debe terminar tres años después de un fallecimiento.
Según las cifras del Gobierno central, en los tres años transcurridos -periodo que Pekín calculó haría falta para que la zona recuperara la normalidad- se invirtieron unos 154.000 millones de dólares en la zona, donde se reedificaron 37 localidades.
Algunas de ellas, como "Nuevo Beichuan", se encuentran a decenas de kilómetros de su emplazamiento original, que en el caso de Beichuan -la ciudad donde más muertos hubo, 20.000- ha mantenido sus ruinas a modo de museo, e incluso en sus calles todavía pueden verse vehículos chafados o hasta ropas de las víctimas.
En las principales provincias afectadas (Sichuan, Gansu y Shaanxi) se construyeron 1,9 millones de viviendas, 2.915 escuelas y 30.000 kilómetros de caminos y carreteras, unos trabajos en los que fue clave la financiación y cooperación de 19 de las ciudades más prósperas del este del país, incluyendo Hong Kong.
La zona del seísmo fue visitada a principios de esta semana por el primer ministro chino, Wen Jiabao, quien en su décimo viaje a la zona de la catástrofe en los últimos tres años habló de "victoria" en las labores de reconstrucción de la zona.
Wen subrayó los esfuerzos en mejorar las condiciones de vivienda de los habitantes de la zona -a estándares incluso mejores que los que había antes del seísmo-, así como en la construcción de infraestructuras resistentes a los terremotos.
El seísmo, de 8 grados en la escala de Richter, fue el peor sufrido por China desde el de Tangshan en 1976 (que causó 240.000 muertos).
Sacudió un país que meses después organizaba en la ciudad de Pekín los Juegos Olímpicos y sufría fuertes críticas de la comunidad internacional, por las revueltas tibetanas ocurridas dos meses antes.
La catástrofe dejó algunos interrogantes, como la cuestión de las muchas escuelas que se derrumbaron incluso en ciudades de la zona relativamente alejadas del epicentro del seísmo, lo que hizo pensar que se habían construido con materiales más débiles que los estándares exigidos y alimentó sospechas de corrupción.
Familiares de los más de 5.000 niños fallecidos en estas circunstancias exigieron en los pasados años una investigación profunda de este hecho, pero el Gobierno central chino desoyó las peticiones, e incluso encarceló a famosos activistas que lideraron las protestas, como el escritor Tan Zuoren, condenado a 5 años de prisión tras ser acusado de "subversión".
Otro firme partidario de una investigación de las circunstancias en las que se construyeron las escuelas fue el artista y activista Ai Weiwei, actualmente arrestado y desaparecido desde hace más de un mes, sin que las autoridades chinas hayan revelado dónde se encuentra detenido.