Stephen Bosworth, el nuevo as en la manga de EE.UU. para Corea del Norte
Stephen Bosworth es el nuevo as en la manga del Gobierno de EE.UU. para lograr la desnuclearización de Corea del Norte, una difícil tarea para la cual este académico y ex embajador, con profundos conocimientos de Asia, parece ser la persona idónea.
El nombramiento de Bosworth, de 69 años, fue anunciada el jueves en Seúl por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en el marco de la gira por Japón, Indonesia, Corea del Sur y China.
El nuevo representante especial de EE.UU. para Corea del Norte sucederá en el cargo al secretario de Estado adjunto para Asia del Este y Pacífico, Christopher Hill, quien encabezó las negociaciones con Pyongyang por parte de Washington desde febrero de 2005 y que tiene todos los papeles para ser nombrado embajador en Irak.
Bosworth, decano de la "Fletcher School of Law and Diplomacy" de la Universidad de Tufts (Massachusetts), hereda un conflicto en el que Hill, si bien se aplicó a fondo, no logró los resultados deseados y fracasó a finales del año pasado a la hora de obtener un protocolo de verificación firmado por Pyongyang.
El nuevo enviado especial para Corea del Norte no es ajeno a los problemas de la comunidad internacional para lograr que el régimen de Kim Jong Il abandone su programa nuclear, pues tiene en su haber una amplia experiencia lidiando con este conflicto.
Bosworth fue embajador de EE.UU. en Corea del Sur entre 1997 y 2000, un periodo que coincidió con los esfuerzos de Seúl por conseguir un acercamiento a Corea del Norte, y con anterioridad, entre 1995 y 1997 fue director ejecutivo de la Organización para el Desarrollo Energético en la Península Coreana (KEDO).
El nuevo representante para Pyongyang lideró ese consorcio, auspiciado por EE.UU., Corea del Sur y Japón, cuando iba a construir dos reactores nucleares de agua ligera a Corea del Norte, un acuerdo que fracasó en 2002 y fue enterrado definitivamente en 2005.
El proyecto fue acordado por EE.UU. y Corea del Norte en 1994, cuando la península norcoreana se comprometió a renunciar a su incipiente programa nuclear militar a cambio de la construcción de esos dos reactores atómicos de agua ligera destinados a la producción de energía libre de toda sospecha.
En 2002 Corea del Norte violó ese mismo acuerdo marco cuando reconoció que había puesto de nuevo en funcionamiento ese programa nuclear destinado a producir armas atómicas.
Cuando en 2005 reconoció que ya estaba en posesión de armas nucleares asestó un golpe mortal al proyecto. Un año después efectuó el ensayo nuclear, desencadenando una crisis internacional.
Desde entonces hasta la fecha actual, las negociaciones a seis bandas (las dos Coreas, EE.UU., Rusia, China y Japón) han pasado por muchos altibajos, con un tira y afloja constante, especialmente entre Washington y Pyongyang.
El año pasado, Corea del Norte dio un paso importante al entregar la esperada declaración nuclear y destruir el reactor de Yongbyon, pero, pese al acuerdo alcanzado para verificar el inventario nuclear y en contra del efecto esperado por EE.UU. tras haber eliminado a Pyongyang de su lista negra, la península se niega a firmar el documento para pasar a la segunda fase de la desnuclearización.
Es aquí donde Bosworth tendrá que demostrar sus habilidades diplomáticas para lograr un progreso. Su papel no es fácil pues asume su cargo en un momento en el que las tensiones entre Pyongyang y Seúl van en aumento, y en medio de la incertidumbre sobre el opaco liderazgo del régimen norcoreano y la sucesión de Kim Jong Il.
En esta labor le vendrán bien sus conocimientos adquiridos en el seno del Departamento de Estado, donde fue director de planificación política, ocupó un cargo en la oficina de asuntos interamericanos y fue subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Económicos.
También ejerció de embajador de Estados Unidos en Filipinas entre 1984 y 1987 y en Túnez (1979-1981).
Fue además presidente de la Fundación estadounidense japonesa entre 1987 y 1995 y profesor adjunto en la School of International and Public Affairs de la Columbia University (1990-1994), entre otros cargos académicos que desempeñó a lo largo de su carrera.
El nombramiento de Bosworth, de 69 años, fue anunciada el jueves en Seúl por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en el marco de la gira por Japón, Indonesia, Corea del Sur y China.
El nuevo representante especial de EE.UU. para Corea del Norte sucederá en el cargo al secretario de Estado adjunto para Asia del Este y Pacífico, Christopher Hill, quien encabezó las negociaciones con Pyongyang por parte de Washington desde febrero de 2005 y que tiene todos los papeles para ser nombrado embajador en Irak.
Bosworth, decano de la "Fletcher School of Law and Diplomacy" de la Universidad de Tufts (Massachusetts), hereda un conflicto en el que Hill, si bien se aplicó a fondo, no logró los resultados deseados y fracasó a finales del año pasado a la hora de obtener un protocolo de verificación firmado por Pyongyang.
El nuevo enviado especial para Corea del Norte no es ajeno a los problemas de la comunidad internacional para lograr que el régimen de Kim Jong Il abandone su programa nuclear, pues tiene en su haber una amplia experiencia lidiando con este conflicto.
Bosworth fue embajador de EE.UU. en Corea del Sur entre 1997 y 2000, un periodo que coincidió con los esfuerzos de Seúl por conseguir un acercamiento a Corea del Norte, y con anterioridad, entre 1995 y 1997 fue director ejecutivo de la Organización para el Desarrollo Energético en la Península Coreana (KEDO).
El nuevo representante para Pyongyang lideró ese consorcio, auspiciado por EE.UU., Corea del Sur y Japón, cuando iba a construir dos reactores nucleares de agua ligera a Corea del Norte, un acuerdo que fracasó en 2002 y fue enterrado definitivamente en 2005.
El proyecto fue acordado por EE.UU. y Corea del Norte en 1994, cuando la península norcoreana se comprometió a renunciar a su incipiente programa nuclear militar a cambio de la construcción de esos dos reactores atómicos de agua ligera destinados a la producción de energía libre de toda sospecha.
En 2002 Corea del Norte violó ese mismo acuerdo marco cuando reconoció que había puesto de nuevo en funcionamiento ese programa nuclear destinado a producir armas atómicas.
Cuando en 2005 reconoció que ya estaba en posesión de armas nucleares asestó un golpe mortal al proyecto. Un año después efectuó el ensayo nuclear, desencadenando una crisis internacional.
Desde entonces hasta la fecha actual, las negociaciones a seis bandas (las dos Coreas, EE.UU., Rusia, China y Japón) han pasado por muchos altibajos, con un tira y afloja constante, especialmente entre Washington y Pyongyang.
El año pasado, Corea del Norte dio un paso importante al entregar la esperada declaración nuclear y destruir el reactor de Yongbyon, pero, pese al acuerdo alcanzado para verificar el inventario nuclear y en contra del efecto esperado por EE.UU. tras haber eliminado a Pyongyang de su lista negra, la península se niega a firmar el documento para pasar a la segunda fase de la desnuclearización.
Es aquí donde Bosworth tendrá que demostrar sus habilidades diplomáticas para lograr un progreso. Su papel no es fácil pues asume su cargo en un momento en el que las tensiones entre Pyongyang y Seúl van en aumento, y en medio de la incertidumbre sobre el opaco liderazgo del régimen norcoreano y la sucesión de Kim Jong Il.
En esta labor le vendrán bien sus conocimientos adquiridos en el seno del Departamento de Estado, donde fue director de planificación política, ocupó un cargo en la oficina de asuntos interamericanos y fue subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Económicos.
También ejerció de embajador de Estados Unidos en Filipinas entre 1984 y 1987 y en Túnez (1979-1981).
Fue además presidente de la Fundación estadounidense japonesa entre 1987 y 1995 y profesor adjunto en la School of International and Public Affairs de la Columbia University (1990-1994), entre otros cargos académicos que desempeñó a lo largo de su carrera.