Un matrimonio, sin papeles de por medio, es lo que parece existir entre los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la población y la Policía del área del corregimiento especial de Puerto Obaldía, en la Comarca Kuna Yala, sin dejar de mencionar a Armila.
Y ello tiene un porqué, según versiones recabadas en Puerto Obaldía (dependiendo del cristal desde el cual lo mirara cada entrevistado): mientras esté la guerrilla, los autodefensas (paramilitares) no entran al pueblo "así nada más" porque si llegan se encontrarán con ésta y la policía y, por otro lado, el comercio sigue, como se ha hecho por años; las actividades de contrabando de las que hablan otros, también y, por si fuera poco, son tan pocos policías en el sector, que tal como está es indefendible.
Son muchas las versiones que dan cuenta de que la Policía mantiene una estrecha relación con la guerrilla, al punto de que en la finca (cercana al cementerio) de uno de los policías se hospedan guerrilleros, siempre según versiones recabadas en estas comunidades.
Aunque parezca una escena sacada de libros de Gabriel García Márquez o de películas de guerra, la verdad es que en Puerto Obaldía "todo el mundo" sabe qué hace cada quien, por muy forastero que sea.
El pasado jueves, este medio tuvo una entrevista con guerrilleros del Comando Noroccidental José María Córdoba en el sector de la represa. Cuando caminábamos hacia allá, salía la gente a fisgonear desde puertas y ventanas. En sus caras se reflejaba que sabían exactamente hacia dónde nos dirigíamos y por qué.
Es más, dos policías se fueron delante de nosotros, como quien no quiere la cosa. La verdad es que pese a que el camino no es más que una trocha en medio de la vegetación, nunca los vimos regresar. Al parecer, ellos avisaron a los guerrilleros de nuestra presencia en el área, pues forzosamente debieron encontrarse frente a frente.
Por otro lado, ni en Puerto Obaldía ni en La Miel ni en Armila se piensa en la obvia violación a la soberanía nacional con la permanencia de guerrilleros colombianos, ni tampoco en el traslado de un problema político-social de Colombia hacia Panamá.
En esos lugares, al igual que en Sapzurro (población fronteriza de Colombia), lo que impera es el miedo, aunque como dijeron algunos pobladores, cada quien es dueño de sus miedos y quien nada debe, nada teme.
Entretanto, sólo una familia de La Miel, que fue entrevistada durante el día miércoles 2 de junio, pasa en su casa el tiempo necesario para vigilar sus pertenencias ahora que hay algunos policías en el área. Luego regresa a Sapzurro en Colombia, población que está tan cerca que sólo basta subir un cerro, llegar al hito fronterizo, bajar el cerro por el otro lado y se llega a ese lugar paradisiaco.
También lo hace la familia propietaria de un pequeño negocio de venta de piña colada, agua de coco y comida, que atiende a la gran cantidad de turistas suramericanos y europeos que se dan cita cada año para disfrutar de Playa Blanca, una playa cuyas aguas cristalinas semejan las de la más limpia piscina.
Quienes hacen esto son los que se han quedado cerca, pues muchos han emigrado hacia Panamá y Colón, como dan fe algunos desplazados entrevistados por este medio, en esta última provincia.
Unas 164 personas han abandonado La Miel a raíz de una incursión guerrillera la pasada semana. El temor radica en que, pese a que según la propia guerrilla ellos entran allí constantemente, en esta ocasión fue un contingente grande, al punto de que sólo se escuchaban botas, según los pobladores.
No sufrieron daño alguno, aseguraron, pero cuando la presencia es tan abierta e intensa, detrás siempre llegan los paramilitares, explicaron. Y esta situación ha sido experimentada por decenas de poblaciones fronterizas, muy cercanas a La Miel. Es más, se sabe que en Acandí, lugar cercano, está plagado de paramilitares.
Y aún peor: La Bonga, población que forma parte del corregimiento especial de Puerto Obaldía, fue atacada por paramilitares hace dos años. Allí mataron a varias personas y hoy es una comunidad totalmente abandonada, salvo cuatro familias que van y vienen para cuidar sus fincas. Lo demás desapareció.
Y vamos a Armila, una isla indígena con 700 habitantes, de muy difícil acceso por el mar, pues la mareta (rompimiento de las olas) es tan peligrosa que muchos han muerto en el intento.
Hasta allí llegó este medio, luego de una peligrosa travesía en la que las olas gigantescas levantaban la embarcación como si fuera la hoja de un árbol para luego regresar en otra más grande y hacer un trasbordo a la primera lancha en alta mar.
Allá también hay temor y muy pocos policías que apenas llegaron el pasado jueves. También los indígenas han sido víctimas de asaltos de paramilitares, el último de ellos el pasado 27 de mayo, situación que se explica en la página tres de esta edición de Monitor.
Lo cierto es que los guerrilleros caminan por estas áreas como ellos mismos dicen: "común y corriente" desde hace años. El temor real es a los paramilitares, tal como ocurre en poblaciones de Darién.
Los paramilitares tienen los nombres de las familias que "ayudan" o comercian con los guerrilleros con comidas y enseres y por eso ahora los pobladores temen. De hecho hay antecedentes como en La Bonga y la misma Armila.
COMISIONADO PIDE DECIR LA VERDAD
No obstante, según versiones del comisionado de Puerto Obaldía, Sergio Espinosa, son 190 millas de costas las que hay que proteger en el sector, y donde llegan desde narcotraficantes hasta guerrilleros y paramilitares que luego se sienten molestos si hay seguridad.
Pidió a los pobladores de La Miel y las otras comunidades que digan la verdad, porque lo cierto es que muchos de ellos comercian con irregulares y por eso temen la venganza de paramilitares.
SAPZURRO MUY CERCA
El miedo se ha acrecentado, luego que el pasado domingo, en Sapzurro, muy cerca de La Miel, fueron raptados tres hombres por parte de la guerrilla durante 12 horas. Ellos fueron golpeados y amenazados para que no ayudaran, esta vez, a los paramilitares, cuando entraran en Sapzurro. Incluso les mostraron las balas que usarían contra ellos si daban ese apoyo, pues saben que los paramilitares están muy cerca de ese lugar.
Esos hombres responden a los nombres de Alvaro Ullola, alias Sombrero; Elías Berrío y Félix Mariano Pereira, según fuentes de Puerto Obaldía.
Este medio logró contactar a la madre de uno de ellos, que se desplazó hacia Colón, pero rehusó dar declaraciones a la prensa pues dijo no estar segura de si esta periodista respondía a los intereses de la guerrilla. Hasta en una simple entrevista telefónica se nota la paranoia de la gente de La Miel, Sapzurro y Puerto Obaldía.
LOS NIÑOS TAMBIEN SUFREN
También en los niños se nota la presión psicológica. Muchos se introdujeron debajo de las camas el día en que escucharon las botas de la guerrilla, en número que para ellos no era normal.
Ahora, los que recibían clase en La Miel, buscan recibirla en Colón, Puerto Obaldía o Panamá.
Por lo pronto, en Puerto Obaldía la única escuela primaria está en estado de alerta y su hora de clase se redujo de 40 a 30 minutos y ahora, en lugar de salir a la 1:10p.m., lo hacen a las 11:30ª.m.
Muchos de los padres no los envían a la escuela por temor e incluso, un maestro desistió de dar clases y se regresará a Panamá por la inseguridad que reina en el área.
Asimismo, el director de Educación de este sector, Luis Fernández López, dio instrucciones a los maestros en el sentido de que tan pronto pase algo, deben trasladarse hacia otras áreas.
Así las cosas, a las autoridades no les queda otro remedio que reconocer lo que hace años la prensa escrita pregonaba: hay guerrilleros y paramilitares en las poblaciones fronterizas panameñas y violan la soberanía nacional tan fácilmente como se toman una agua de coco.
CONSUL CREE QUE DEBE DIALOGARSE
El cónsul de Colombia en Puerto Obaldía, Raúl Rincón Ardila, se mostró reacio a hablar con este medio, en principio, porque a su juicio este es un tema que debe tratarse a nivel de la Cancillería de Panamá y Colombia.
El sí encuentra razones para que la gente tenga temor porque sabe de la experiencia colombiana. Piensa que la base es el diálogo y que el tema de la guerrilla en suelo panameño debe ser tratado ya a nivel de organismos internacionales como la OEA y la ONU.
Indicó que aunque hay elementos comunes, el problema de Colombia relacionado con la guerrilla, las autodefensas y el ejército, no puede compararse con el de Panamá.
Ello es así porque una cosa es que Colombia tenga su problema y otra muy distinta es que ese problema se haya desbordado hacia Panamá.
No ocultó su temor por estar en Puerto Obaldía, un lugar donde residen una gran mayoría de latinos y pocos indígenas y donde prácticamente hay paridad entre el número de colombianos y de panameños.
Tiene temor, recalcó, pero la vida tiene que seguir.
Cuestionó el hecho de que ahora recuerdan a Puerto Obaldía (refiriéndose tanto a los medios como a las autoridades), cuando en esa población existen desde hace muchos años problemas de salud, educación y de gran número de indocumentados colombianos que tratan de legalizar su estatus migratorio y no les ha sido posible.
MINISTRA PLANTA A AFECTADOS
La ministra de Gobierno y Justicia, Mariela Sagel dejó literalmente plantados a su propio personal, periodistas y legisladores que se trasladarían con ella hacia Puerto Obaldía el pasado miércoles.
A última hora y ya sentados todos en un avión y en un helicóptero, la comitiva se enteró de que la ministra no asistiría, por lo que partió sin ella con rumbo a esa población.
Obviamente, allí era esperada con ansias por moradores de La Miel, de Puerto Obaldía, de Armila, así como por el Comisionado de Policía, el obispo de Colón y el sáhila de Armila.
No hubo más remedio que plantear el problema a los funcionarios de Gobierno Justicia Ulises Santos, secretario general; Gerónima Branca, directora de Política Indigenista, al asesor Hugo Giroud y al director de Relaciones Públicas, José Hernández.
En esa reunión los moradores de La Miel, visiblemente decepcionados por la ausencia de la ministra, propusieron una indemnización por la salida obligada de sus hogares, una mínima seguridad para regresar o su reubicación lo antes posible.
Manifestaron su temor de quedar en el medio de dos frentes: entre la guerrilla y los paramilitares, y cuestionaron el hecho de que en 10 años no hubo nunca una presencia militar en La Miel que salvaguardara su seguridad, porque a su juicio la guerra no es de ellos, sino de los colombianos.
COMPLACENCIA PANAMEÑA
En Sapzurro, este medio entrevistó a algunos pobladores, en un día tranquilo, despejado, de sol brillante y de abundante presencia de turistas.
"Esto es un paraíso" le comentamos a un lugareño. "Era", contestó. ¿Por qué? Porque desde el 20 de abril que hubo una incursión guerrillera que dejó como saldo el cuartel destruido y un cabo asesinado, no hay garantía de seguridad en ese poblado rodeado de un mar cristalino.
Según algunos pobladores, la verdad es que esos guerrilleros no atacaron desde Colombia, sino desde Panamá, pues subieron por La Miel hasta bajar a Sapzurro.
Están convencidos (los entrevistados) de que hay cierta complacencia de los panameños en lo que se refiere a la presencia guerrillera en La Miel y Colombia no puede hacer nada pues estos guerrilleros están fuera de sus fronteras.
Desde el domingo pasado, en que fueron hostigados tres pobladores de Sapzurro, algunas familias han abandonado la población, si bien no es una mayoría.
Otro entrevistado señaló que la complacencia panameña ha permitido una violación más fuerte a la soberanía nacional, pues los guerrilleros siguen llegando porque encuentran abastecimiento de todo tipo.