CSS**Oponerse a ciegas a la privatización del Seguro Social, sin saber de qué se trata, es una suprema tontería. Igual que lo sería, abanicar esa fórmula como una panacea que todo lo resuelve, que no es verdad. Para unas cosas puede que funcione; para otras no. Por ejemplo, esa fórmula podría ser muy conveniente para la entidad y sus beneficiarios, si se aplica al Programa de Salud. Porque al Seguro le cuesta más administrar sus hospitales que pagar por los ajenos.
Privatizar**Por más que se esmere, presta un mal servicio, a mayor costo que las clínicas privadas. Hoy, los asegurados tienen que madrugar y aguardar horas para una cita médica; y nunca hay medicinas. Además, la atención que reciben es deplorable. Si hay alguien contento con ese sistema es porque no sabe que hay otro modo de recibir mejor atención, sin mayor costo. Simplemente, acudiendo al hospital privado de su predilección donde lo tratarán como rey.
Atención**Así, al momento de necesitar un médico o medicamento, todo lo que tiene que hacer es ir a una clínica o farmacia privada cualquiera, donde firma un formulario y enseguida lo atienden, por cuenta del Seguro. Lo que le interesa a un asegurado inteligente es recibir su medicina y buena atención, no importa si se la presta el propio Seguro o el Santo Tomás o el San Fernando o Paitilla. Para eso, el Seguro licita los costos y supervisa que la calidad de los servicios que reciban sus asegurados sean los mejores.