La era en que Cuba infundía terror a sus rivales y jugaba por compromiso en el béisbol olímpico, ya que tenía casi asegurada de antemano la medalla de oro, llegó a su fin en Sydney.
El período en que peloteros como Orestes Kindelán, Germán Mesa, Antonio Pacheco y Omar Linares ejercían una supremacía total recibió su certificado de defunción con la derrota 4-0 ante Estados Unidos en la final del béisbol olímpico.
Los norteamericanos frustraron el intento cubano por añadir a su vitrina el tercer oro consecutivo en la pelota olímpica, tras los alcanzados en Barcelona ‘92 y Atlanta ‘96.
El manager Servio Borges sostuvo que la hegemonía cubana no ha llegado a su final, pero admitió que Cuba tendrá que "perfeccionar’’ su deporte nacional.
"No se termina una era con una medalla de plata’’, afirmó Borges.
La culpa, según los cubanos, es de las nuevas modificaciones puestas en vigor en el béisbol de Sydney. Por primera vez se utilizó el bate de madera y se permitió incorporar a peloteros profesionales.
Los cambios, según Borges, "influyen mucho en cualquier resultado’’.
Estados Unidos ganó con una novena integrada por un puñado de jugadores de ligas menores.
Ben Sheets, el pitcher que silenció a los cubanos durante toda la ruta y los blanqueó por primera vez, apenas tiene un año en las menores con los Cerveceros de Milwaukee, con un foja de 8-8. Sheets concedió apenas tres hits y no dejó que nadie llegase a la tercera base.
En Sydney, el primer campanazo lo dio Holanda, que con un equipo formado por jugadores de paso efímero en las mayores, superó a Cuba 4-2 e interrumpió una racha de 21 victorias en el béisbol olímpico.
Cuba comenzó a sentir un mayor grado de competitividad en los Juegos Panamericanos de 1999 en Winnipeg, donde ganó el oro ante novenas de Estados Unidos, Canadá, México y República Dominicana que usaron profesionales.
Hasta entonces, Estados Unidos, con jugadores universitarios, no le había puesto en aprietos.
El escenario se le presentó aún más difícil en Sydney, ya que enfrentó a equipos como Japón, Corea del Sur y Estados Unidos armados con profesionales y acostumbrados al uso del bate de madera.
Los cubanos los vencieron a todos ellos en la ronda preliminar, pero debieron sudar bastante para ganarle nuevamente a Japón en semifinales.
Lo hicieron con el bate oportuno de Kindelán y el pitcheo José Ariel Contreras, que mostró buen control.
Como cuarto bate y jugando la primera base, Kindelán fue pilar en la novena que ganó el oro en Barcelona y Atlanta.
Pero es muy posible que Kindelán, de 36 años, así como veteranos como los jardineros Luis Ulacia y Antonio Pacheco y los infielders Germán Mesa y Omar Linares, todos sobre los 30 años de edad, den paso a una nueva camada de peloteros cubanos.
"Se dará una renovación lógica, pero eso se determinará con el tiempo’’, señaló Borges.
Para frustración de Kindelán, la que probablemente haya sido su última olimpíada terminó con una final con el madero apagado, incluso, se ponchó dos veces.
Los bateadores norteamericanos, en tanto, se dieron banquete castigando a los tres lanzadores que utilizó Borges, incluyendo al relevista José Ibar.
"El ánimo se mantiene alto. Nos motivará a seguir mejorando’’, declaró Ibar.