Los cubanos ya pueden descruzar los dedos y tomarse un respiro, pues la temporada de ciclones en el Caribe terminará oficialmente el próximo lunes sin haber afectado a la isla, que en 2008 padeció los estragos de tres huracanes.
Los pronósticos meteorológicos y hasta las predicciones de la santería cubana vaticinaron para este año un período de tranquilidad, pero en Cuba nadie se siente a salvo hasta que finalizan los seis meses de rigor de la temporada de ciclones, que va del 1 de junio al 30 de noviembre.
La "calma" de las tormentas tropicales en el área durante 2009 se debió en buena medida al desarrollo del fenómeno climático "El Niño", cuya actividad calienta las aguas del Pacífico e inhibe la formación de huracanes en el Caribe.
Este año se formaron ocho tormentas tropicales y tres huracanes, llamados "Bill", "Fred" e "Ida", de los cuales sólo los dos primeros alcanzaron categorías de gran intensidad en la escala de Saffir-Simpson.
A inicios de noviembre el tránsito del "Ida" hacia el Golfo de México afectó indirectamente a la isla provocando lluvias en su extremo occidental, pero el país no tuvo que lamentar mayores daños.
"Ida", que dejó víctimas y miles de damnificados en El Salvador y Nicaragua, sólo causó algunas inundaciones en las regiones de Pinar del Río e Isla de la Juventud, las provincias cubanas que más padecieron la saña del huracán "Gustav" el año pasado.
Al azote del "Gustav" se sumó el de los huracanes "Ike" y "Paloma", y el saldo final para la isla en 2008 fue de siete muertes y daños calculados oficialmente en 10.000 millones de dólares.
La sabiduría popular en Cuba indica que después de un año marcado por el ensañamiento de los huracanes siempre llega otro en el que la naturaleza da tiempo para recuperarse, y entonces vuelve a traicionar con el próximo ciclón.
Pero esa teoría fatalista no se corresponde del todo con la realidad, pues los registros meteorológicos indican que entre 1985 y 1996 no pasó por la isla ni un solo huracán, y entre 1952 y 2001 no llegó ninguno de gran intensidad.
Desde comienzos del siglo XX, cuando empiezan los registros meteorológicos de la isla, han existido muchas temporadas sin acontecimientos, como en 1993, 1997, 2000 y 2003.
Curiosamente, en años como 1951 y 1952, por ejemplo, no hubo ciclones en la temporada habitual pero se formaron "organismos extemporáneos" en mayo y febrero, respectivamente.
A partir de 1996 la frecuencia de los huracanes se incrementó notablemente, y en la última década Cuba fue afectada por los eventos "Michelle" en 2001, "Charley" en 2004, y "Dennis" en 2005, además de los tres citados de 2008.
En los últimos 155 años Cuba ha recibido el golpe directo de 118 tormentas tropicales y más de 90 huracanes.
El más devastador arrasó en noviembre de 1932 la localidad de Santa Cruz del Sur, dejando unas 3.000 víctimas.
Una depresión atmosférica se denomina tormenta tropical cuando tiene vientos máximos sostenidos que giran a más de 63 kilómetros por hora y asciende a huracán cuando pasa de 118.
La próxima semana, con el arribo del mes de diciembre, los cubanos dejarán de preocuparse por las amenazas de tormentas en los partes meteorológicos y dedicarán su atención a esperar noticias sobre los añorados "frentes fríos" en el Caribe.
Las autoridades tendrán ahora otros seis meses para seguir perfeccionando los sistemas de protección en la isla ante la expectativa de cómo se comportará la temporada de 2010, cuando seguramente todos en Cuba volverán a cruzar los dedos.
Anett Ríos