Cuando el INDE anunció que no tenía fondos, para sufragar los gastos de los atletas que viajarían a representar a Panamá en los Juegos Bolivarianos pasados, se pensó que era un amenaza y que el dinero saldría como siempre, horas antes de partir.
Sin embargo, se fueron, regresaron y no apareció el dinero. Lo más triste que entre reclamos y súplicas el INDE dio otra mala noticia: en sus arcas no había nada contemplado para los viajes de los atletas para este y ni el próximo año.
Fue entonces que se cruzaron iniciativas de cómo echarle un salvavidas al deporte panameño, y surgió la idea de un impuesto para las bebidas alcohólicas.
Hace un par de días el legislador Eddy Londoño se atrevió a presentar el anteproyecto, pues al igual que con las tabacaleras -que ya están gravadas-, tendrá que luchar contra grandes consorcios cerveceros, que probablemente pongan algunas condiciones.
La iniciativa pretende modificar el parágrafo 6 del artículo 1057-V del Código Fiscal sobre impuestos a las bebidas alcohólicas.
El 100% de lo recaudado de este impuesto pasaría al INDE, que tendría que dividirlo en un 50% para la construcción, mejoras y mantenimiento de instalaciones deportivas a nivel nacional y otro 50% a sufragar la formación y gastos de las selecciones nacionales que viajen a competencias internacionales, siempre que estén reconocidas por el Comité Olímpico de Panamá.
Pero surge una pregunta inmediata. ¿Quién se encargaría de supervisar estos fondos, para que no sean asignados a otros departamentos del INDE o pasen a otras instancias?.
Aquí es donde realmente está el problema, pues las empresas licoreras, de por sí están apoyando y no deben decir no a este anteproyecto, pues esta ya es una tendencia universal.
Habría que crear una comisión tripartita, en la que esté presente el COP, INDE y una agrupación, podrían ser periodistas deportivos, para que supervisen este dinero y determinen quién o quiénes deben viajar a representar a Panamá.
El impuesto según el anteproyecto se destinará como contribución al INDE, en adición a las partidas que el Organo Ejecutivo le haya asignado en el Presupuesto General del Estado.
Realmente este anteproyecto sería un salvavidas en el horizonte para el deporte, pero hay que tener cuidado y preocuparse aún más por la administración que se le dará al dinero recaudado.
Dinero es dinero. Y si el recaudo no tiene albaceas honestos, preocupados por el desarrollo integral deportivo, es probable que en unos años se piense en la creación de otro impuesto para ayudar a los deportistas y las instalaciones nacionales.