En los círculos administrativos del hipódromo abundan las sonrisas. Tanta alegría se debe al hecho de que el acumulado del 5 y 6 está por encima de los 120 mil dólares y con tendencia al alza.
Esto es bueno porque mientras esa cifra sirva de acicate los apostadores seguirán respondiendo en las ventanillas, y la jugada mantendrá un comportamiento halagador. Y eso no tiene nada que ver con el cambio del “handicapper”, con ninguna estrategia ni nada por el estilo. Siempre ha sido así: mientras más alto esté el acumulado, mayor la respuesta de los hípicos.
A diferencia de lo que acontecía en los llamados “buenos tiempos” de la hípica nacional, esta vez el incremento obedece más a la pobreza del espectáculo que a lo competitivo de las carreras.
En una entrega anterior, señalábamos que si los hípicos de pie supieran el verdadero estado físico de algunos caballos se preguntarían ¿cómo es que estos llegan al Programa Oficial de Carreras?
Bueno, se trata de un asunto escabroso, toda vez que si los médicos que componen la sección de fiscalización veterinaria fueran en extremo estrictos, seguramente todas la semanas habría menos caballos en listados para correr y, en consecuencias, habría menos carreras nacionales.
A ellos hay que reconocerles el esfuerzo y la oportunidad que le dan al espectáculo para que no se caiga.
Esa es la razón por la que vemos correr muchos caballos con apenas un mínimo de condiciones para llegar a la gatera y cruzar la meta de pie, con vida.
Visto así el panorama, los B/125,470.15 que hay acumulados y que se pondrán en juego mañana, cuando se reanuden las competencias locales, no correrán peligro a menos que algún moribundo de los muchos que trotan sobre la pista del hipódromo, regrese a la vida y sorprenda a los más saludables.