El ave de acero aterriza y rompe el silencio de la noche, incólume. Varios comunicadores se adueñan del espacio internacional, hecho insólito que solo podría justificar un personaje de alta distinción. Su estilo humilde, su mirada de héroe, su voz de hombre bueno, su nombre Irving Saladino.
Ráfagas de preguntas que van y vienen. Ninguna lo intimida, ninguna cambia su semblante despreocupado. Caballero de caballeros, atleta popular, al que no le atraen las cámaras y prefiere la tranquilidad del anonimato.
El aeropuerto se rinde a sus pies; eso a él no le asalta la calma. Las chicas se deslumbran y los señores le respetan. Termina la conferencia, se la lleva el Rey Cronos. Ya es casi la media noche.. la habitación del hotel lo espera como recinto de tranquilidad.
La mañana del miércoles arranca hermosa como el cántico del ruiseñor en el ciprés dormido. Unos rayos finos matizan el día. Las entrevistas siguen, parece que nunca se van a terminar. La televisión quiere su imagen, Panamá está en sintonía.
En la Cancillería lo reciben como al Rey Midas. El Presidente de la República va a su encuentro. Todos lo felicitan. Irving tranquilo, como si el mundo fuese así desde que vio la luz en aquella "flor de barrio".
Un helicóptero te espera. Sus aspas despojan al viento y logran alzar vuelo. Lo que Leonardo Da Vinci tanto soñó.
Irving llega a su antiguo colegio. Se va en caravana por la ciudad de Colón, donde cientos de gritos y decenas de autógrafos rodean al personaje. Pero él sigue igual.. su corazón es enorme, su nobleza no lo hace cambiar.
Tantos hechos juntos y ni siquiera las manecillas del reloj han pasado dos veces por el mismo punto. Lo que a otro le tomaría toda una vida, Irving lo consigue en 12 horas.
Al fin llegas a tu morada. Allí tu padre David, ese hombre de familia, de quien heredaste esa humildad, nos atiende. Tú, Irving, observas complacido el vídeo del momento cuando lograste ser lo que siempre soñaste: Campeón Mundial.
Con una previa como nunca antes, con tantas emociones conjugadas en tu tranquilidad, en medio de tu hogar, con tu familia reunida, en un sofá cómodo entramos en el diálogo, cara a cara, sin intermediarios.
Panamá América: Acabas de verlo. Dime si no te pareció un gran momento. Luego que el italiano saltó, ¿qué sentiste?, él iba ganando.
Irving Saladino: "Como lo acabaron de ver, fue un momento inolvidable, no sé ni cómo explicarlo. Fue impresionante, yo estaba abajo y él acababa de pasarme, pero me concentré e hice lo que tanto quería y de verdad que lo disfruté.
PA: ¿Te había pasado antes?
IS: "Fue la primera vez en mi vida que me siento así. No soy de tanta celebración. Pero me sentí muy feliz. Fue un gran momento. Inolvidable, como te dije".
PA: Fue sorprendente el momento porque no te habíamos visto tan eufórico. ¿Porqué actuaste así?
IS: "No sé qué será lo que me pasó, pero nunca me había sentido así, fue una alegría tan grande".
PA: Y con tantas emociones, ¿no has llorado desde que llegaste?
IS: "¡No! No he llorado. Soy una persona bastante dura para llorar no tengo esa parte emotiva, pero sí soy feliz, muy feliz".
PA: ¿Cómo te sientes con tu familia aquí en tu hogar?
IS: "Muy contento porque están todos reunidos. Faltan algunos, pero están mis hermanos, mis tíos y pronto estarán todos compartiendo en esta tarde".
Ya de su lesión, de sus homenajes, de tantas cosas se ha hablado, pero hay un detalle que tal vez no se sepa. El cual solo el fino oído de los periodistas permite conocer.
Y es que uno de sus rivales, el italiano cuyo nombre no se merece estar en esta historia, tiene una madre que odia a Irving. La señora lo insulta, lo detesta, no soporta la idea de que un panameño destrone a su hijo. Injurias y gritos racistas salen de su boca hacia Irving. Envidia, eso a ti no te molesta. Tú eres más que ellos. Tú eres Campeón. Eso nadie te lo quitará.
Ese eres tú. Canguro del pueblo, pequeño chaval de corazón noble. Tú no lloras. No porque no quieras, ni porque tu espíritu no sepa llorar. He visto en tus ojos una lágrima asomar. Pero se esconde lejos, muy lejos. Porque lo que el mundo ignora hasta hoy es que los Canguros no pueden llorar.
'a1Los canguros no lloran!
El atleta panameño festeja su llegada y aprovecha cada uno de los grandes momentos con su familia.