Deportes

Abril de letras


Estamos en el mes de las letras. En unos cuantos días, el viernes 23, para ser más exactos, conmemoraremos el Día del Idioma, en homenaje a la fecha en la que expiró, en Madrid, el Manco de Lepanto, Miguel de Cervantes (1547-1616), reconocido como el padre de la lengua española.

Dice la historia que ese mismo día, como poniéndose de acuerdo en una insólita conjunción que despreciaba espacios, se fueron de este plano otros dos grandes: William Shakespeare (1564-1616) y el Inca Garcilaso de la Vega (Perú, 1539- España, 1616).

Abril emblemático:
no se agotan aquí los nombres de literatos, nacidos o caídos en o alrededor de ese 23: Maurice Druon, francés (23 de abril de 1918 - 14 de abril de 2009); el islandés, premio Nobel, Halldor Laxness, (23 de abril de 1902 - 8 de febrero de 1998); Vladimir Nabokov, ruso (22 de abril de 1899 - 2 de julio de 1977); el catalán Joseph Pla (8 de marzo de 1897 - 23 de abril de 1981); el colombiano Manuel Mejía Vallejo (23 de abril de 1923 - 23 de julio de 1998); el cubano Alejo Carpentier (26 de diciembre de 1904 - 23 de abril de 1980), y varios más.

 

En Panamá, abril se abre espacios en el calendario de la literatura con el natalicio de Bernardo Domínguez Alba, el ínclito Rogelio Sinán, quien nació el 25 de abril de 1902 y falleció el 7 de octubre de 1994, en cuyo honor se conmemora el próximo 25 como el “Día de la Escritora y del Escritor panameños”; homenaje consignado oficialmente a través de la Ley 14 de 7 de febrero de 2001.

En virtud de esa norma, también se entregará el viernes (25 es domingo) la Condecoración Rogelio Sinán al escritor que “por su trayectoria y méritos literarios y humanos”, merezca tal distinción bienal, según sopesada decisión del Consejo Nacional de Escritoras y Escritores.

Y si aún piensa que es poco lo que conmemoramos, está el Día del Libro, el Día del Bibliotecario, el Día del Derecho de Autor, ¡todos el 23! Así que si usted sale y ve libros tomados de las manos (o de las páginas), únaseles, que están de fiesta (porque las muertes de estas fechas no se lloran, y tampoco son tales: el escritor vive en sus obras, allí se queda para siempre, respirando con cada lectura).

 

Nuestras letras, por sí solas, gozan de buena salud. Hay que respaldarlas, por supuesto, con estrategias institucionales que hagan llegar los libros a los lectores; en ese sentido, reconozcámoslo, nos queda un largo camino por recorrer.

Cuando el libro entra en uno, se marcha la ignorancia por la primera ventana que encuentre a su paso; y, apenas alejada, se marchitarán hasta caer varias de las verrugas que hoy nos afean y nos espantan como sociedad: la intolerancia, la violencia, la delincuencia, la vanagloria, la ostentación de lo mal habido, el individualismo rampante, y tantas otras pústulas de las que a diario renegamos, pero que siguen rondándonos cerca, muy cerca.

Un libro, una lectura bien encaminada, una palabra oportuna (en conjunto van hilando un proceso educativo mejor que el que tenemos), poseen mayor capacidad que una cancha sintética o un par de dólares regalados a la hora de resguardar a nuestros infantes de la violencia y de la delincuencia.

 

Con estas últimas líneas llega a mi mente un título de los murales escolares de antes: “El libro es una puerta abierta”. Ahora que corre abril, lo creo aún más.

Que la palabra te acompañe.


fecha edicion
old id
548038
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América