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Abril en la palabra


Abril es un mes especial en el campo literario. Acudo a la ayuda del portal electrónico de la Biblioteca Nacional (www.binal.ac.pa) para actualizar la agenda: ayer, sábado 2, fue el Día Internacional de la Literatura Infantil; el 5 se conmemora el natalicio del educador, jurista y escritor José Dolores Moscote (1879-1956); el 6 se recuerda el visionario levantamiento de los conjurados del cerro Tute (1959); el 9, el nacimiento del poeta Jerónimo De La Ossa (1847-1907); el 15 habrán pasado 155 años del Incidente de la Tajada de Sandía (1856); el 22 es el Día de la Tierra; y el 23 (sujétese, porque como dice el profesor Ricardo Ríos, estas son unas patronales) es el Día del Bibliotecario, el Día del Idioma Español, el Día Mundial del Libro y la Propiedad Intelectual, el aniversario del fallecimiento de Cervantes, Shakespeare, Garcilaso (el Inca) y otros escritores. Y si fuera poco, el 25 será el Día del Escritor y de la Escritora, coincidiendo con el natalicio de Rogelio Sinán (1902-1994).

Ocasiones de celebrar no faltarán. Esta semana, el INAC, a través de la dinámica Vielka Vargas, ha cursado invitación a la premiación del Concurso de Literatura Infantil y Juvenil “Carlos Francisco Changmarín”, el jueves 7 a las 6:30, en Exedra. Carlos Raúl Acevedo recibirá el premio. De Carlos recuerdo “El último gigante y otros cuentos” (Premio José María Sánchez 2000), donde hombre y naturaleza protagonizan relatos enmarcados en un escenario que cobija esperanzas y amenazas para ambos.

Habrá más celebraciones y motivos para celebrar. A propósito, participo a menudo como facilitador en cursos y seminarios cuyos integrantes se muestran muy interesados en mejorar sus herramientas de expresión; por eso soy de los que aún creen en la buena salud del idioma.

 

Claro, existen quienes, por deficiencias en materia de competencia lingüística, o de competencia comunicativa, al hablar hacen creer que muy pronto la lengua estirará la pata. El miércoles, en un programa radial mañanero, un funcionario hablaba del estado del tiempo; transcribo un fragmento casi literal: “En lo que es el arco seco de Azuero caerán lo que serán ligeros chubascos; mas sin embargo, lo que es la mayor parte de Veraguas y Coclé seguirá disfrutando de lo que son los vientos alisios…” ¡Jesús, María y José! ¿Cómo se imponen en esos hablantes tan lamentables formas de expresión? Y lo peor: ¿cómo logran que otros los imiten?

Por otro lado, en forma recurrente, se me acercan personas para preguntarme: “¿Cómo es posible que nadie corrija a los que usan la palabra ‘enantes’?” Casi siempre, aparentando complicidad, respondo: “Es cierto; enantito la escuché en el pasillo”.

De Elsie Alvarado de Ricord (q.e.p.d.), mi profesora y amiga, es el libro “Usos del español actual” (1996); en la página 19 sentencia: “En Panamá y otros países he escuchado el adverbio enantes de labios de personas cultísimas… Por ello considero que es un error tachar[lo]… de arcaísmo y censurar su empleo. Lo que corresponde científicamente es registrar su permanencia ininterrumpida en el habla panameña”.

 

También me consultan sobre la pertinencia de decir “buenas tardes” como saludo, considerando con mayor sentido el singular: “buena tarde”. La respuesta la baso en otro eximio docente y buen amigo, el profesor Pablo Pinilla Chiari, quien en su texto “Cuida tu idioma” (1994), trata este tema en la página 85: “…las expresiones ‘Buenos días’, ‘Buenas noches’, etc., representan creaciones de la sociedad lingüística que las ha fijado por la fuerza de las costumbres dominantes […]. Por ello, cuando […] se dice “Muy buena noche”, se está quebrantando un orden culto y civilizado establecido”.

Hemos avanzado, la lucha continúa.

Que la palabra te acompañe.


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668993
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América