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Acerca de la compra y venta

Cuando hablamos de corrupción, vemos a los puros de corazón darse golpes de pecho que harían estremecer a King Kong en lo alto de su rascacielos. Está muy bien eso de que el Diablo nos tienta y la carne es débil, pero lo cierto es que el Diablo ha sido puesto en la Tierra para tentarnos.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / PANAMA AMERICA
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No es la primera vez que escribo acerca de éste tema en ésta columna, pero me sigo encontrando con gente que despotrica sin que, al parecer, hayan entendido realmente el punto central de éste dilema. No me refiero solo a éste país ¿eh? Que en todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas.

Un dilema filosófico eterno, ¿qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? ¿Fue primero el oferente o el demandante?

Cuando hablamos de corrupción, vemos a los puros de corazón darse golpes de pecho que harían estremecer a King Kong en lo alto de su rascacielos, bramando contra los que compran conciencias y votos. Pero no veo la misma indignación ante aquellos que como mercancía fresca se han ofrecido y les han pagado por ello.

A ver si logro explicárselo de otro modo, porque parece que es un poquito duro para algunos, ‘comprar’ y ‘vender’ son verbos transitivos. Los verbos transitivos son aquellos que se construyen con complementos directos. Esto quiere decir que tienes que comprar algo, o a alguien, y siempre vendes alguna cosa, o a ti mismo.

O sea, que si algo es comprado es porque alguien lo vendía. Creo que ha quedado claro, ¿no?

Entonces, ¿por qué en las corruptelas políticas parece que toda la culpa se la achacan al malvado que compra? ¿Por qué los que venden, se venden, o reciben, parecen ser inocentes cual doncellas fatalmente corrompidas por malvados dragones? Malo, malo el dragón, oye. Hace un tiempo escuché a un político del patio, (y aquí se sabrá el milagro pero no el santo), echar pestes contra los que ofrecieron dinero a unos cuantos de su bancada para que dieran el salto. Yo, ingenuamente (sí, hombre sí, yo puedo ser ingenua, créanselo) le pregunté si los tentados cayeron en la tentación y el otro me dijo que sí, pero que no había sido culpa de ellos. ¿Perdón? Ahí, justo ahí es donde yo me troncho de la risa.

Miren, está muy bien eso de que el Diablo nos tienta y la carne es débil, pero lo cierto es que el Diablo ha sido puesto en la Tierra para tentarnos, y los que nos vamos al Infierno por caer en la tentación somos nosotros. O sea, señores, si a ustedes les ofrecen algo, sea dinero o prebendas y ustedes se venden, ustedes son unos vendidos. Si reciben dinero por hacer algo, son ustedes unos corruptos. Tan culpable es el que ofrece billete en una esquina de cualquier parque como aquellos que hacen fila para recibir su correspondiente salve. La podredumbre, en éste caso no afecta sólo a un lado del negocio, no. Tan lleno de mierda moral está uno como el otro, y si al que recibe le sonreímos, lo entendemos, y lo perdonamos per saecula saeculorum, ¿por qué rechazamos a aquel que simplemente, satisfizo sus demandas?

Si realmente la corrupción nos pareciera asquerosa (que lo es) y degradante moralmente, (que también lo es), entonces deberíamos marcar con la letra escarlata tanto al que vende como al que compra. Y castigarlos por igual.

Pero claro, a mí me queda la sospecha de que la inquina contra el que compra tiene más que ver con que no es a nosotros a quien se ha acercado para comprarnos, lo que hay es mucha envidia. Si tenemos en cuenta que todos tenemos un precio (y repito, todos lo tenemos, otra cosa es el precio de cada uno, claro), debe ser muy frustrante para algunos darse cuenta de que nadie quiere pagar por una mercancía que ya está dañada de tanto manosearla.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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