Hace varios años leí en algún lugar un consejo que me ha servido para educar perros y niños. Y que sin duda les sería de mucha ayuda a unos cuantos gobernantes frustrados: nunca des una orden que no sepas, sin ningún género de duda, que va a ser obedecida. Eso te va a evitar muchos disgustos y gasto de saliva inútil. Si sabes que nadie te va a hacer ni caso, ¿para qué das la orden? Si sabes que la obediencia es imposible, por las circunstancias, por el carácter o porque el momento de darla no es el adecuado, ¿por qué te molestas? Lo único que vas a lograr es minar tu autoridad y que te tomen por el pito del sereno, como decían antiguamente en mi tierra.
Muestras de esto que estoy diciendo las hemos tenido aquí en Panamá en muchas ocasiones, con leyes absurdas que han tenido que echarse atrás cuando el pueblo les ha saltado a la yugular a los políticos que han tratado de implementarlas. Pero hay otros ejemplos, más pedestres, en el día a día. Ejemplos de no saber mandar, ni organizar una ciudad para que todos podamos convivir en ella. Uno de estos ejemplos es el desbarajuste con los estacionamientos en Vía Argentina. Vamos a ver, señores, ésta calle es una de las pocas en las que el comercio a pie de calle florece, los restaurantes tienen terrazas que se llenan, y los propios y los ajenos caminan y van a la panadería, a la farmacia y a tomarse luego un vino. Pero para poder hacer esas cosas hay que poder aparcar. Si no tienen donde dejar el carro, nadie va a quedar allí. El Municipio tiene estacionómetros, vale. Me parece bien. La gente parquea y pone sus moneditas. Y entonces llega la ATTT y empieza a poner boletas, incluso a aquellos que han pagado su respectiva cuota por aparcar. Los increpas y te contestan que allí se ha decretado que no se puede aparcar en toda la calle, y que lo de las maquinitas es del Municipio, ‘que vayan a ponerle la queja a Roxana’ te dicen. Así, tal cual.
Entonces te preguntas ¿en qué tipo de país estamos viviendo cuando los gobernados estamos divididos por órdenes contradictorias? ¿A qué carta nos quedamos? El Municipio dice que sí y la Autoridad del Tránsito dice que no… ¿A quién le hacemos caso? ¿Nos están tomando el pelo?
Cuando la ciudadanía llega a pensar que las leyes son una burla opta por no obedecer ni a unos ni a otros. Dejas tu carro donde te salga de la punta de las narices y se acabó la vaina. Nos pasamos las normas por el arco de triunfo y aquí paz y después gloria.
Si me prohíben aparcar en la calle me tienen que dar opciones válidas para dejar el carro, y no me sirve que éstas opciones sean los estacionamientos privados de algún amiguito de alguien que llaman al tránsito para que la grúa se lleve los autos que no han querido plegarse a los precios abusivos que marcan por no tener competencia. ¿Por qué no se hacen aparcamientos municipales? ¿Qué callos se pisan cuando se hacen estas preguntitas?
Mientras tanto, ellos siguen poniendo normas que nadie cumple, los ciudadanos siguen haciendo lo que les da la gana y el caos en la ciudad aumenta exponencialmente cada día. Hasta que alguien entienda que para poder mandar hace falta saber, saber hacer y saber mandar. Y ahí precisamente está el problema, los que mandan, saben de a vaina, no hacen mucho y ni idea tienen de gobernar.