La política de paz del presidente de Colombia, Andrés Pastrana, quedó en un aparente callejón sin salida ante la decisión de la guerrilla del ELN de suspender, como ya lo hizo la de las FARC, sus acercamientos con el Gobierno.
El escollo insalvable que llevó a la ruptura de estas gestiones fue la discusión de la exigencia rebelde de una nueva área neutral similar a la que Pastrana estableció para dialogar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
"Aquí no quedó ninguna puerta abierta", afirmó el segundo al mando en el Ejército de Liberación Nacional (ELN), Erlington Chamorro ("Antonio García"), al decretar el fin de las conversaciones que mantenía en Venezuela con el alto comisionado para la Paz, Víctor Ricardo.
En menos de una semana, Ricardo y García celebraron en el país vecino dos rondas de diálogo que terminaron sin acuerdos.
En las últimas reuniones, del domingo al lunes pasados, las partes no lograron ponerse de acuerdo entre la insistencia del ELN acerca del área neutral para celebrar una convención nacional y la postura en contra del Gobierno.
"No es conveniente para la paz", respondió Ricardo, para quien lo que busca la Administración en sus gestiones con el segundo grupo rebelde del país son "caminos de paz serios".
Desde Caracas, García planteó que las propuestas en este ámbito que hizo Pastrana durante su campaña electoral comienzan a esfumarse, y que "el tiempo de la paz parece ser efímero".
Agregó que la política de paz de Pastrana no tiene coherencia ni estrategia. "Va haciendo una política errática que no atinamos a conocer a profundidad", criticó García.
Algunos sectores académicos y políticos dijeron que las dificultades que afronta el actual proceso de paz radican en el tratamiento distinto que Pastrana ha dado al ELN y a las FARC.
"El Gobierno le está dando un tratamiento de segunda categoría al ELN", declaró el diputado liberal Roberto Camacho, portavoz de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes.
Pastrana miró al principio con reticencia los acercamientos del ELN con las asociaciones civiles, que permitieron la firma a mediados de julio de 1998, en Alemania, de un acuerdo con una agenda que establecía una convención nacional y una asamblea constituyente como pasos previos para un futuro diálogo con el Estado.
Con las FARC, Pastrana entabló contactos antes de que fuese designado en los comicios del pasado junio e incluso, como presidente electo se entrevistó con el "comandante en jefe" de esta organización, "Manuel Marulanda Veléz" o "Tirofijo".
En dicha reunión, celebrada un mes antes de que asumiera el cargo el 7 de agosto pasado, Pastrana definió con Marulanda una agenda que comenzó el 7 de noviembre siguiente con el establecimiento de una zona de distensión en las selvas del sur.
En este área neutral, de 42.139 kilómetros cuadrados, Gobierno y FARC inauguraron el pasado 7 de enero una mesa de conversaciones que doce días después fue suspendida por el grupo insurgente hasta el 20 de abril, fecha en la que espera recibir "resultados satisfactorios" en la lucha contra paramilitar del Estado.
Contrario a las FARC, el ELN reclama una zona de distensión para celebrar una convención nacional a la que el Gobierno deberá asistir no como protagonista junto a la organización rebelde, sino como invitado.
El grupo que lidera Nicolás Rodríguez Bautista ("Gabino") ha condicionado la continuidad de sus contactos con el Estado a este área neutral, que debe cubrir cuatro poblados del norte del país con menos de 8.000 kilómetros cuadrados.
La postura del ELN en este sentido es tan inflexible como la contraria del Gobierno, y Rodríguez comunicó que si no es posible dialogar con el Gobierno de Pastrana esperarán hasta el que tome posesión el 7 de agosto de año 2002.