Victoriano Lorenzo, sentado frente al pelotón de fusilamiento, tal vez pensó estas cosas.
«Memorias... ¿qué parte serán de la vida? ¿Con qué rellené estos treinta y seis años? La ciudad lo borró todo. ¡Cholos, indios, no vengan a la ciudad! ¿Qué le pasa a una libélula que revolotea cerca de la hoguera? ¡Quédate en el campo, cholo, abraza la tierra, aprende a quererla! Nada tiene la ciudad para nosotros. Acaso trabajos miserables, lóbregos cuartuchos y una vagina cantinera una vez al mes. ¡Nada como el sexo de barro y bienmesabe de tu chola! Qué mejor música que la saloma y la fresca voz del eco que te la devuelve. Así nos comunicamos con el cielo. No vengas a la ciudad, cholo. Aquí las sillas son como ésta. Si debes pelear, quédate en el monte. Allá eres tigre, cuervo, alacrán. La ciudad nos convierte en cucarachas... ¿Con qué rellené mi vida? Aprendí a leer, fue bueno. Aprendí a luchar, fue mejor. Libro y lucha, es la plaza luminosa que se llama Libertad. Con libertad se vive decente. ¡Por eso luché! Tenemos que tumbar las cercas que no permiten a los cholos pasar a las cosas bonitas. A la libertad, la más bella. En la cárcel se nutrió y creció mi sueño por la libertad. ¡Gracias, doctor Mendoza por sacarme y enviarme de nuevo a la montaña. ¡Nunca lo olvidaré!... ¿Qué digo? ¿Nunca olvidaré? Esa palabra “nunca” termina en la punta de la lengua. Es preferible decir: “siempre lo recordaré” porque “siempre” es una palabra que sale de adentro, de la raíz de mi esqueleto. Y no digan que muero por un partido, muero por cholo y confiado. Luchaba por los cholos, por nosotros, los que cargamos con el peso de la miseria campesina, por los que agachamos el lomo para cargar las riquezas del patrón y, a veces, al patrón mismo; por nosotros que no podemos comerciar la sal porque afectamos el negocio de los gamonales, por nosotros que, aunque muchos no lo aceptan, tenemos también un corazón y un alma inmortal.»
La orden de «¡Fuego!» silenció sus pensamientos.
Un gavilán franciscano / se despidió muy temprano / a dúo con la gaviota: / ¡Esto es morir sin derrota! / ¡Adiós, adiós, Victoriano!