El hambre amenaza a decenas de miles de damnificados del terremoto que azotó la semana pasada la zona cafetalera de Colombia, y las autoridades dan la voz de alarma porque sólo hay comida para uno o dos días más.
Al menos cien toneladas de víveres deben ser enviadas a diario al oeste del país para atender las necesidades alimentarias de los casi 250.000 afectados por el seísmo, pero las donaciones de los colombianos han caído a menos de la mitad.
"La solidaridad ha descendido notablemente", se lamentó el subdirector de la estatal Red de Solidaridad Social, Guillermo Casasbuenas, y advirtió de que si las aportaciones no mantienen un nivel adecuado "vamos a entrar rápidamente en crisis".
La central de acopio de alimentos situada en un pabellón del centro de exposiciones de Bogotá está casi desabastecida.
Con las últimas aportaciones, la Red de Solidaridad despachó el martes por la noche una caravana de cinco camiones y tiene prevista la salida de otra igual hacia el mediodía de hoy.
La coordinadora del principal centro de acopio para los damnificados, Carolina Pungiluppi, afirmó que "la situación se ha tornado alarmante" porque han disminuido en buena parte los productos recolectados.
Los responsables de suministrar la ayuda humanitaria han insistido en que mantener estable la asistencia a las víctimas del terremoto del pasado 25 de enero no es posible con menos de cien toneladas diarias.
Desde un día después de la catástrofe, que causó un millar de muertos y más de 4.000 heridos, el Estado colombiano ha dispuesto en la zona del desastre "alrededor de 2.000 toneladas de comida", según fuentes oficiales.
El volumen de la ayuda que va a ser distribuida en el área, según el subdirector de la Red de Solidaridad Social, "nos permite tener una situación de estabilidad en mínimos".
En un escenario optimista, de no recibirse una sola aportación alimentaria nueva, en tres días no habrá con qué atender a los damnificados, agregó Casasbuenas.
El Gobierno del presidente Andrés Pastrana considera que es necesario mantener esta ayuda al menos una semana más.
Según el programa de emergencia, en ocho días deberán estar restablecidas las redes locales de abastecimiento y venta de víveres en Armenia, Pereira y las otras dieciocho localidades que fueron semidestruidas por el movimiento telúrico, que tuvo una magnitud de seis grados en la escala abierta de Richter.
Casasbuenas explicó que en dicho periodo de tiempo se tiene previsto que estén regenerados los "procesos de reactivación" que ponga en marcha plena el programa de apertura de tiendas y comercios.
En Armenia, capital departamental del Quindío y donde el terremoto ocasionó los mayores estragos, algunos comercios y restaurantes han abierto sus puertas y los servicios de transporte han sido restablecidos parcialmente.
El plan de reconstrucción de la zona devastada, para el que el Gobierno asignó un presupuesto inicial de 500.000 millones de pesos (316,45 millones de dólares) y que también será financiado con empréstitos de las entidades multilaterales, deberá rescatar las economías locales, con la generación de fuentes de trabajo para los propios damnificados.
Dicho programa ha sido definido por el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, como una "empresa" que será fundamental en la rehabilitación de la zona afectada, especialmente el Quindío.
Esta provincia y las de Risaralda -de la que es capital Pereira-, Valle del Cauca y Tolima, que sufrieron los rigores del seismo en zonas limítrofes con el Quindío aunque en menor intensidad, cosechan cerca del 46 por ciento de la producción nacional de café.