El momento del español Rafael Nadal, el rey de la tierra, quedó reflejado ayer en su tremendo esfuerzo para derrotar al estadounidense John Isner, 39 del mundo, en su primer partido a cinco sets en toda su vida en Roland Garros.
Nadal estuvo contra las cuerdas, pero al final resurgió para vencer al gigante de Greensboro (Carolina del Norte, Estados Unidos) 2,06 metros después de cuatro horas y un minuto, para vencerle por 6-4, 6-7 (2), 6-7 (2), 6-2 y 6-4 al tercer punto de partido, y alcanzar la segunda ronda de la forma más sufrida que él mismo pueda recordar.
Tras ganar el último punto, "Rafa" explotó y gritó con fuerza para quitarse toda la presión de un partido que jamás soñó y que resultó una pesadilla para él. Fue tanta la tensión vivida, que incluso se la contagió a su tío y entrenador Toni, casi siempre inalterable, que desde la grada le gritaba incesantemente: "¡vamos, vamos!" con los puños cerrados.
"Ha sido muy difícil sí, ha sido un rival muy duro, y su saque es casi imparable", dijo Nadal sobre la pista, "él ha hecho un gran partido y le deseo lo mejor para el resto de la sesión", añadió sobre Isner.
"Ha sido un partido muy cerrado, con mucha presión, y en los desempates estaba muy nervioso", reconoció Nadal, "pero esta victoria es muy importante para mí. Este torneo siempre es muy importante para todos los jugadores, pero especialmente para mí, porque tengo de él momentos inolvidables", continuó. "Prefiero ganar en tres sets", añadió el tenista español, "pero hay que ser positivos y quizás este partido me pueda servir para el futuro".
Nunca un campeón de Roland Garros ha caído al año siguiente en su debut. Nadal, que jamás se había visto forzado a esa emboscada, estuvo a punto.