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Agua que no has de beber…

Hay asuntos cotidianos en los que hemos realizado avances gigantescos, mientras que en otros nos hemos estancado o hemos retrocedido. Sin el ánimo de generalizar, es


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Hay asuntos cotidianos en los que hemos realizado avances gigantescos, mientras que en otros nos hemos estancado o hemos retrocedido.

Sin el ánimo de generalizar, es justo decir que mayormente nos hemos abocado a la tarea de apagar fuegos y reaccionar ante las crisis en lugar de orientar y prevenir.

Hubo un tiempo en el que los recursos estatales en materia de propaganda, se enfocaban hacia la educación y la concienciación de los ciudadanos para el buen uso de los recursos naturales y de los bienes colectivos.

A pesar de que eran tiempos de aparente abundancia, en el país imperaba una cultura, primero, de valoración de lo que teníamos y, segundo, de la necesidad de preservar para el futuro y de paso garantizarles a los menos favorecidos el acceso a todos los bienes y servicios posibles. Hoy parece que estamos atrapados por la indolencia, y esta no ha demorado en pasarnos factura.

Los últimos años han sido aleccionadores. Hemos confrontado dificultades con el agua, las inundaciones se han tornado en escenarios frecuentes y ahora nos ha tocado enfrentar una crisis energética que al parecer llegó para quedarse.

Frente a este panorama, resulta imperativo que se refuercen a través de todos los medios que hay a disposición campañas de concienciación sobre la obligatoriedad de que comencemos una política de preservación y ahorro de todos nuestros recursos. Debemos comenzar por los naturales, pero la decisión de ser más consecuentes con nuestro entorno implica usar racionalmente los bienes que tenemos.

Y no se trata de una responsabilidad privativa del Gobierno, también es de la empresa privada, de los gremios sindicales, de las organizaciones de la sociedad civil y todo el que tenga que aportar debe contribuir a la orientación de la gente para que se prepare mejor y soporte con inteligencia y madurez las consecuencias de las malas prácticas en las que todos hemos incurrido.

Hubo un tiempo en el que se mantenía una campaña institucional que decía algo así como: “Agua que no has de beber déjala correr”. No estamos seguros de que ahora podamos apelar a un estribillo de ese talante, pero de que ya es hora de inocular en la mente de la población la vocación del ahorro y la preservación, no cabe duda.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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