A estas alturas del año todo está dicho y hecho, y en el contexto cultural es poco lo que se puede añadir.
Llegamos a la estación en la que, cada 12 meses, nos detenemos para revisar los aperos, observar el camino recorrido, sacar cuentas y verificar nuestro saldo.
El 2015 ha sido un año casi anodino en tema cultural si lo miramos desde la perspectiva gubernamental. Han sido pocas las novedades que hubo; se cumplió con los temas y actividades de rigor y quedaron grandes tareas sin hacerse, así como temas pendientes de solución.
Ya hemos dicho que la falta de un nombramiento en propiedad de un director general del Inac es una tara con la que aprendimos a vivir. A ello habría que sumar la clausura del Teatro Nacional y la desatención e inoperancia de la mayoría de los museos del país, entre otros males.
Pero no todo ha sido malo porque, felizmente, en el país abundan las iniciativas particulares, corporativas y sectoriales que tienden a darles espacio a la cultura y sus diversas manifestaciones.
Los escritores no han dejado de publicar, y la feria internacional del libro, más bien que mal, ha seguido su norte. Es de destacar que el país sigue siendo un centro en donde se albergan festivales de música, teatro, danza y cine, así como las galerías de arte constantemente ofrecen a los espectadores la posibilidad de apreciar el trabajo y talento de artistas nacionales y foráneos.
No pudiéramos concluir este arqueo de la vida cultural del país durante el 2015, sin mencionar a las decenas de quijotes que, desde distintos frentes, han mantenido en alto la bandera de la cultura, del pensamiento y el saber.
Ellos, desde los medios de comunicación, desde sus núcleos de influencia y hasta desde sus concepciones particulares, siguen siendo el activo y aliado más importante con que cuenta el movimiento y el futuro de la cultura del país.
La lucha es tenaz, agotadora, y muchas veces incomprendida, pero siempre está el estímulo que en algún momento un porcentaje elevado de la población hará ese movimiento multitudinario que impulsará hacia ese cambio que permita a quienes nos lideran comprender que solo con conocimientos seremos capaces de entender nuestro entorno, transformarlo y crear las condiciones óptimas para vivir en un ambiente de sosiego, solidaridad y esperanza.