Segunda entrega
A propósito del Día del Educador, celebrado el pasado 1 de diciembre, y del Día de la Madre (¿no es el aprendizaje escolar otra forma de ser hijos?), trajimos a colación el artículo que la profesora Berta María Cabezas, bajo el título “El informe de Rodríguez Bou y la realidad panameña”, publicó en la Revista Cultural Lotería de febrero de 1957.
La distinguida educadora exponía su malestar por la relevancia dada a las conclusiones del estudio sobre el sistema educativo panameño que Ismael Rodríguez Bou, literato y pedagogo puertorriqueño, consultor internacional, realizó por esas fechas. Basa su desagrado en que el extranjero proclama, con buena recepción gubernamental, asuntos que versados (pero desoídos) docentes de la época venían afirmando en lo relacionado con la enseñanza de la lectoescritura en primaria.
Leamos algunos párrafos con leves supresiones que no tocan el sentido: “Gran revuelo ha causado las críticas que sobre la educación en Panamá ha hecho el Dr. Rodríguez Bou. Sin embargo, para los maestros y profesores no hay nada desconocido en ellas. Todas esas observaciones las hemos hecho cada año, y las conocen los funcionarios de Educación”.
Luego, la profesora Cabezas describe los actores llamados a intervenir en el problema educacional: “No debemos perder el tiempo en hacernos acusaciones, sino elevar los corazones y contribuir al mejoramiento del proceso educativo. Sabemos que es un problema muy complejo, ya que no es solo la escuela la responsable; hay que tomar en cuenta los otros factores que influyen en la educación, como el cine, la radio, y el propio hogar”.
Atención: es relevante el hecho de que el hogar se ubique después, como si en ese momento (1957) ahí no estuviese el problema (y le creo), sino en los otros elementos que lo anteceden, por ser recursos novedosos y deslumbradores para la época (en vísperas de la televisión), equivalentes a los adminículos electrónicos que hoy suelen blandir nuestros muchachos.
La profesora Cabezas habla en nombre de los docentes de secundaria, quienes reciben estudiantes egresados del nivel básico sin los rudimentos necesarios para aprovechar las lecciones. Y se queja porque no los escuchan:
“Recordamos que las profesoras de Español del Instituto Nacional, llevadas por nuestro deseo de elevar el bajo nivel en que llegan los alumnos a primer año, entregamos informes hasta de catorce páginas. Unas veces al Dr. Ismael García, otras al profesor Miguel Mejía Dutary, y últimamente a don José del C. Luzcando, coordinador de la materia. Ellos los pasaban al Ministerio. En un informe, sugerimos una reunión entre profesores y maestros para ponernos de acuerdo sobre las exigencias mínimas que debía llenar un alumno al ingresar a Secundaria. Se logró la reunión, pero con gran sorpresa, solo invitaron al Coordinador y no a los profesores”.
Además de no ser escuchados, los docentes ven cómo se adoptan medidas estructurales que modifican todo su entorno, sin que se les tome en cuenta:
“Del propio Ministerio han llegado órdenes un tanto raras, como esa de que pasen a los alumnos de primer grado sin saber leer ni escribir regularmente siquiera. Ya estamos observando las pobres víctimas de tan extraña medida. Llegan a primer año sin leer ni escribir. Escriben “gerr” por “guerra”; “cato” por “gato”; “fonfero” por “bombero” etc. El primer bimestre, tenemos que dedicarlo a ejercicios de primero y segundo grados de primaria”.
La parte final, y medular, del aporte la veremos el próximo domingo, si Dios nos lo concede. No olvide, si es de los que hace regalos por estos días, distíngase: ¡regale un buen libro!
Que la palabra te acompañe.