Aunque la mayoría de las personas que acudió el domingo pasado al hipódromo para ver el Clásico Presidente de la República no eran hípicas, no cabe duda de que un porcentaje importante sí lo es, lo cual confirma que el “Deporte de los reyes” todavía cuenta con seguidores.
Año tras año, cuando se presenta el Clásico Presidente la respuesta es masiva, lo que es un indicativo de que la gente lo que busca son buenos espectáculos y ver competidores de calidad.
En otras palabras, la política administrativa debe dirigir sus principales esfuerzos a producir incentivos que motiven a los dueños de caballos a comprar más equinos, y la única manera de producir ese efecto es mejorar los premios.
Hasta la saciedad se ha dicho que no se puede cerrar ese “círculo virtuoso” compuesto por buenos premios, buenos caballos y buenas apuestas si no se produce una acción efectiva y decidida.
Nos dirán que la calidad de los premios es mejor que hace cinco o seis años; eso no lo vamos a discutir. Pero, de que se requiere un esfuerzo más, tampoco lo podrán rebatir.
Debemos ser más ambiciosos. A estas alturas de la historia hípica nacional, no podemos ser conformistas y contentarnos con que el hipódromo se llene una vez al año y que ocupe espacios importantes en los medios de comunicación solo en esa ocasión.
La tarea pendiente para el actual operado, o para el que venga en el futuro, debe ser mantener una política sostenida que permita cerrar ese círculo virtuoso de más premios, más caballos y más apuestas.
El Clásico Presidente quedó bien, es cierto; siempre queda bien, pero lo que se impone ahora es evitar que cada año siga siendo algo así como la alegría de un perro correteando un mono. Es decir, una algarabía efímera.