Alemania 1929. Una enorme deuda provocada por la derrota en la primera gran guerra. Una inflación descontrolada. Caída del gasto público en un 14%, el desempleo rondando el 32%. Las exportaciones cayendo entre un 50 y un 60%. Un panorama desolador. Entonces, en 1932, el partido nazi se hace con el poder con el 33% de los escaños, en marzo del 1934 llegan al 44% de los escaños en el parlamento y en noviembre del 1933 obtuvieron el 95% de los votos con un 92% de participación. El resto es historia, sangrienta historia.
¿Cómo desviar la atención de una economía hecha mierda? ¿Cómo desviar la atención de un gobierno incapaz de rehacer la economía lo suficientemente rápido? ¿Cómo lograr unir a todo un pueblo para que trabajara al unísono? Fácil. Elemental. Aglutinándolos contra un enemigo común. Y ya que el 'enemigo' externo les había dado las suyas y las del pulpo unos años antes, hubieron de buscar un enemigo dentro de sus fronteras.
¿Les suena todo este rollo? ¿Sí? Pues nada, señores, sigan comiendo cuentos. Sigan distrayéndose con dimes y diretes.
No estoy diciendo que la situación panameña sea ni de lejos como la alemana circa 1930. No. Lo que sí es cierto es que estamos ante un Gobierno que parece incapaz de empezar a ejecutar el presupuesto, un Gobierno para el que rezar es más importante que actuar. Un Gobierno en el que la ministra de Educación, en lugar de arreglar escuelas, se divierte en un sinsuán. La Alcaldía monta ferias culturales y mientras tanto, las construcciones hacen lo que les da la real gana en las calles y los bares y discotecas superan noche sí y noche también los decibelios permitidos por ley. La basura ya ha cobrado vida y nos habla. Las calles parecen la cara oculta de la Luna.
En unos meses se concluirá la ampliación del Canal. La construcción está ralentizándose. La inflación se está notando. Nadie ha encontrado en su bolsillo los 58 dólares mensuales que el presidente prometió. Ante este panorama, ¿qué solución parece haber cuando la caza de brujas no está dando los resultados esperados?
Pues buscar un chivo expiatorio: los extranjeros. Unámonos contra el enemigo común, el extraño que viene a quitarnos trabajo. Y cuando algún extranjero es lo suficientemente bruto como para seguirles el juego a los gilipollas xenófobos montamos una campaña de memes, imprimimos camisetas y convocamos manifestaciones. Y los expulsamos. No son panameños. Que no vengan a hablar mal de nuestro país. Porque los recibimos y les damos papel higiénico, tsss… qué se han creído…
Me resisto a creer que estas estupideces xenófobas estén siendo orquestadas a propósito por una banda de iluminados que tratan, de ese modo, de desviar la atención de otros temas. En serio me resisto a creerlo, pero es demasiada casualidad que surjan estas bobadas cuando hay algún otro escándalo en el candelero. O cuando empieza el curso y las escuelas son un asco.
Pero no está de más recordar quién estaba en el poder en 1941 cuando en Panamá se escribió una Constitución donde en su artículo 23 se puede leer:
La inmigración de extranjeros será reglamentada por Ley, (…). El Estado velará por que inmigren elementos sanos, trabajadores, adaptables a las condiciones de la vida nacional y capaces de contribuir al mejoramiento étnico (sic), económico y demográfico del país.
Son de inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, el Asia menor y el Norte de África. ¿Recuerdan quién era el Presidente entonces? ¿Lo recuerdan?
*(Antropóloga, actriz y escritora)